Rincón de las vergüenzas

Cuando, allá por 2006, pensé en abrir esta bitácora, tuve que entablar una dura negociación con mi pereza natural. Tras broncas y tiernas discusiones, acordamos ella y yo que habría de escribir (se llegó a mencionar “al menos tres párrafos”, pero eso no se firmó) sobre cada una de las películas que viera en el cine, siempre que fueran más largas que un cortometraje. Me libraba por tanto de comentar las que viera en televisión o mediante grabaciones varias (al fin y al cabo, ¿es eso “ir al cine”?). Llevo años cumpliendo ese acuerdo (pese a lo molesto que es a veces enseñar qué película he ido a ver y pese a que en tantas ocasiones realmente no haya nada que decir), pero no hay norma que –dejando pasar suficiente tiempo- no se incumpla. Así que aquí está este Rincón de las vergüenzas para, al menos, dejar constancia.

19-IX-2011
Durante la Zinemaldia de este año, entré a ver esta película: “Hiung-thu”. Por el precio y la sala, compruebo ahora que fue la primera de las cuatro que vi esa tarde (tras una colombiana por la mañana) y que fue una elección tardía, no de la primera compra de entradas. Me dormí. Me dormí con la eficiencia con la que uno se duerme ante el televisor: nada de lo que pasara en la pantalla me despertó y, sin embargo (como pasa con los anuncios o la teletienda cuando te sucede en casa), en cuanto empezaron los títulos de crédito, me desperecé.
No recuerdo de las primeras escenas, mientras que conciliaba el sueño (¿conciliaba?, mi sueño nunca es un pacto, es una rendición y una victoria), más que una habitación y la cajonera de un armario. Mi pedantería me estaba avisando –justo antes de desconectar-: “uf, intimismo, pareja, crisis”.
La película no estaba “sonando” en el Festival, no se oía nada especial sobre ella. Pero sí tenía una peculiaridad: esos días paseaban por Donosti el director y la actriz principal. Ella vestía un aparatoso quimono, muy hermoso, e iba causando sorpresa e interés: a veces algún transeúnte les pedía permiso para hacerles una foto, o hacérsela con ellos, a lo que éstos accedían encantados.

15-VIII-2013
Mi desconexión en la peli “Momoiro sora o” no ha sido sin embargo un sueño largo de aproximadamente su duración, sino un ir y venir de la vigilia al sueño. Esto me ha pasado más veces, claro está, pero en películas de las que luego puede uno hablar con desparpajo, asumiendo que lo que no ha visto no podría cambiarlas demasiado.
Pero con esta peli no puedo hacer tal cosa, sería una falta de respeto a una película original y, además, los sucesos que van acaeciendo van cambiando al menos a uno de los personajes, una chavala de instituto de secundaria, y la intermitencia de mi atención me impide tener una visión sobre lo que le ocurre.
Anotemos al menos: un blanco y negro elegante, con muy poca profundidad focal (la mirada por tanto dirigida hacia lo enfocado), una frescura en los diálogos adolescentes, unas meditaciones prácticas –nada teóricas- sobre el valor del dinero, su origen siempre sucio, su utilidad social, el importe de una factura como catalogador moral, …

21-IV-2016

Julieta“, de Pedro Almodóvar.

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