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··········Una vistosa película sobre las “Bodas de sangre” de García Lorca. Eso sí, un tanto depurada de andalucismo, tanto en el paisaje como en el habla. Pero apoyada en lo sustantivo: la tragedia, y utilizando canciones del propio Federico, y en algunos momentos sus versificaciones, el tono y parte del aparato simbólico, como el caballo.

··········Tragedia que no se apoya en los dioses, ni en la deificación de principios inalterables de la condición humana (“la culpa es de la tierra”). Visto así, una tragedia más humilde, más al alcance de ser sufrida por quien sea, pero también, perdonad la blasfemia, más banal. No hay más argumento que la pasión, como la acostumbrada mezcla de romanticismo y deseo, como el juego, en fin, de las bellezas, que llevan en sí una especie de maldición de hacerse daño. Como historia de amor, no me interesa demasiado; no sólo descontextualizada de lo social, sino también de la persona entera (las secuencias de pubertad sirven muy bien pero sólo para enlazar el triángulo con la historia de Capuletos y Montescos que la deja a ella fuera… y eligiendo). En el principio, ella, para describir a los amantes compara las aguas calmas con las turbias llenas de ramajes ocultos, pero también cuenta que el contenedor, ella, está marcada por mil heridas, ¿cuáles?: no importa, se trata de hablar de pasión en sí.

··········Eso sí, mi desinterés es sólo en cuanto a la historia de amor. Y hay mucho más: el daño de las muertes pasadas, la local convivencia fracturada de familias que se han hecho sangrar; la posición de la mujer que no tiene el talismán de la belleza para echarlo en la partida, de la mano del personaje atribulado de Dolera; las madres que sobreviven a sus hijos; las tierras que lindan y no pueden sumarse por huertas intermedias en manos ajenas; el elemento común del viajero que reclama hospitalidad y a cambio avisa de lo que ve.

··········Aparte de eso, la forma de presentar visualmente la historia me gusta bastante. Es una poética, desde luego, pero con los pies en la tierra. Por una parte, la mayor parte del metraje podría ser puro realismo (incluidas charlas de patios, boda, canciones, bailes); por otra, algunos de los momentos de lirismo visual me parecen justificados y bien relacionados con el texto, como la primera secuencia, donde la novia emerge del barro un minuto antes de que enuncie la metáfora de las dos diferentes aguas que son los dos hombres; o como el cortazariano vomitar vidrio imagen perfecta del desgarro interior; o como el uso del zoótropo para encerrar a la novia en un movimiento del que no puede salir; o como el taller de soplado de vidrio y su añicamiento, hablando de la fragilidad de lo construido con los materiales más bellos. Sí hay un tramo en que ya me parece excesiva la poetización de la imagen, que es el reencuentro del triángulo en el bosque y la pelea; desbordado, pierde por eso la fuerza que tienen los demás momentos, bien imbricados con la realidad.

··········Muy cuidados el color y la música, y paisajes y arquitecturas bien escogidas y, sobre todo éstas, muy bien utilizadas: ese porche que parece no tener nada detrás, esa escalera que une la parte privada y la pública, ese patio de confluencias y bisbiseos.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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