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··········Tengo tres problemas que me estropean una peli que, por lo demás, me parece muy interesante. De menos a más, el primero sería un problema de ubicación espacial. Es cierto que es algo quizás demasiado personal, porque no veo que mucha gente le dé importancia estas cosas, pero a mí me gusta saber donde están los diversos escenarios, unos respecto a otros. En esta peli, esto tiene su importancia, ya que es una historia sobre distancias de clase social, y esas distancias a menudo también han de ser físicas; yo no sé donde está viviendo P. mientras ejerce su oficio, ¿en casa del padre?, ¿en el barrio?; todos se mueven de aquí para allá como si estuvieran al lado unos de otros, ¿es así? No es lo mismo ser agredida en territorio ajeno y hostil que a un par de kilómetros de tu casa.

··········En segundo lugar el problema temporal. El uso de las repeticiones de las historias convergentes, que tan bien funciona en “Amores perros”, por decir alguna, aquí no acabo de ver su utilidad. Es cierto que las al menos tres veces que la historia se va de delante atrás, la cámara ocupa otra posición y sigue a otro personaje; pero a cambio distrae mi atencion de la historia, los sentimientos de P., para intentar comprender en qué momento de la trama estoy.

··········Y en tercer lugar, la cuestion que es el tema de la peli en sí. Por una parte, me fastidia que una historia que empieza con una discusión familiar de dos personas con formació humanística, donde ambos se explican muy bien, argumentan, hacen trampas en los argumentos tirando de la afectividad del otro, y se dejan frenar en los ataques por el cariño que se tienen, luego cambie tanto en esto: a partir de mediada la peli, P. deja de expresarse con claridad, y debemos confiar en entender lo que pasa por su cabeza sólo por su rostro y sus actos. La cuestión está en que se confia toda la explicación a una nueva conversación con su padre, ya mucho menos elaborada. Lo que se detecta en ella como las razones de P. me parecen bastante conservadoras. Al menos el primer gran argumento, que suena algo así como ‘si yo soy la victima, yo decido, no los demás’, que nos retrotrae a estadios anteriores del derecho penal, en los que una violación era un delito privado, que sólo era denunciable por la parte afectada y no por el ministerio fiscal. Ese acto de afirmación de P. a mí me parece retrógrado, humanamente se puede comprender –vaya, tampoco tanto, en una abogada que, como tal, algo habrá pensado en filosofía del derecho- pero socialmente no es muy sostenible. Por otra parte, entiendo, y es el tema de la peli y hay que respetarlo en su carga emotiva, lo que decide P. respecto al embarazo es ciertamente un instrumento para impedir la ocultación, el sistema ideológico construido sobre una realidad social desigual precisamente para ocultar ésta, esto es, para mantener la parte baja oculta e inoperante en el espacio público; ahora bien, P. esta usando a un ser vivo (y no me refiero al nasciturus, sino al que será niño, muchacho, hombre o mujer) para ese acto de afirmación política; nada en los gestos o los movimientos de P. nos hace pensar en una relación con la criatura, en ganas de tenerla, de criarla, de educarla y verla crecer; parece un acto del momento actual que prescinde de las consecuencias para otra persona en el futuro. Me recuerda a esa gente que tiene un hijo para afianzar una relación matrimonial endeble.

··········De la camara nerviosa agradezco una manera de filmar que enfatiza siempre a la protagonista: en las discusiones o conversaciones sí se deja espacio a los otros rostros (aunque quizás mas a sus nucas, espaldas, manos, movimientos) pero sobre todo en sus relaciones oficiales (policía, fiscal, juez) si la otra persona aparece, la camara sólo muestra un escorzo, o una fraccion de rostro tras el quicio de una puerta.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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