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··········Ir a ver una peli de Ripstein (el padre, hay que decir ahora), es casi siempre una experiencia que baja el ánimo. Aunque a veces la potencia visual y un guión arrebatador te produzcan un placer morboso, como en esta tremenda. Pero ésta es de las más tristes.

··········Filmado en un blanco y negro más bien clásico, aunque hay algunos momentos (sobre todo cuando interviene la arquitectura de los espacios) con una iluminación casi a la manera expresionista. Los espacios, como la historia, son también esquinados, degradados, sin salida; quizás con la excepción de la entrada al hotel de citas que, a la vista de lo que sucede, recuerda más la entrada al ruedo de la plaza de toros.

··········Un Estado ausente hasta que llega el crimen, o cuya intervención ocasional es un peligro (“derechos humanos” como el nombre de algo que puede estropear la vida que se está llevando a trancas y barrancas).

··········Y el perfecto reflejo de cómo las personas pueden llegar a maltratarse incluso de palabra, pero a la vez, sintiendo la tremenda necesidad del cariño o, cuando menos, de una compañía, de alguien que esté físicamente cerca, al precio que haya que pagar.

··········La condición de segundo de otro, de versión en farsa, convertida en algo que revalida la posición en el mundo, que le cambia a uno de ser un enano a ser alguien sobre el ring, en el espectáculo por el que los demás pagan. ¿Cómo y para qué quitarse entonces la máscara?

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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