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··········No hace falta posicionarse ideológicamente dentro de las alambradas de un conflicto tan largo como el de Oriente Medio. Basta con contar, y hacerlo bien, lo que le pasa a unas personas que, por su edad, son obvios inocentes. ¿Que podría hacerse una peli similar buscando víctimas de cohetes Qassam? Seguro –aunque les daría a los autores mucho más trabajo de búsqueda e investigación-, pero no invalidaría en nada lo que cuenta esta peli. No estoy intentando ser neutral, que no lo soy; y no ya por la disparidad en las cifras, sino porque estoy en contra del racismo, de la ocupación y de la violación sistemática y planificada de los derechos humanos reconocidos en la Declaración Universal. A donde voy es a que de lo que se trata aquí es del incumplimiento continuo del derecho de guerra, de las convenciones internacionales que intentaron civilizar un poco esa acción humana. La peli, por tanto, no se gasta en contextos, ni falta que hace: hay niños en Gaza, y sufren los bombardeos sistemáticos de objetivos civiles.

··········La opción de los documentalistas es muy acertada, especialmente para este tema y para esa perspectiva: dejar hablar a los niños. No hay voces de entrevistadores, las palabras ocasionales de padres o de algún adulto son a los niños y no a cámara; sí hay letreros, pero en esencia contienen cifras, nombres y fechas (curiosidad de género: escritos por un español, se cae en la habitual coletilla “médicos y enfermeras”). Los niños, algunos de ellos de una clase social ligeramente más alta y que aparecen atildados para la ocasión (¡cuántas de las marcas que decoran su ropa no son de empresas que apoyan al Estado de Israel!), narran con una aparente frialdad, como si fuera un ejercicio escolar… pero se quiebran. La grabación no se complace en ello; tampoco lo esquiva, mientras el chico o la chavala puedan seguir contando. Si la peli en sí es emocionante, ver a un chico intentar explicar a un adulto extranjero lo que ha pasado y llegar al punto en que tiene que decir que el muerto es su padre, que conducía la ambulancia, o el hermano mayor, que a tantos sitios le llevaba…

··········No obstante, ya digo, no hay una complacencia en el morbo. Las escasas tomas de la peli que no son de los niños, sino de sucesos del mundo adulto, durante los bombardeos y la invasión del verano de 2014, están porque se trata de imágenes reales y concretas de un suceso que está narrando un niño. Aun así, tampoco hay una complacencia en la sangre.

··········Hay también la inteligencia de haber hecho una segunda tanda de filmaciones tres meses después de la primera. Deja clara así la persistencia del estado de choque, las pesadillas, los amagos de suicidio, las alucinaciones, la desesperanza.

··········Un poco porque así es la vida y porque hay que hacer más digerible una peli de este calado, hay tomas de niños sonrientes, jugando, saludando a cámara con esa resiliencia que tienen nuestros cachorros; y también imágenes un poco preciosistas de la naturaleza (bueno, de lo que queda, el mar y el cielo), que en este caso agradezco. La opción por la cámara lenta también la veo así: tiene un efecto de calma; curiosamente, se me ocurría, la antinaturalidad del movimiento a esa velocidad nos produce la empatía de reconocer la humanidad del otro, en la que quizás reparamos menos a la velocidad normal porque nos distraen mil cosas.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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