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··········Es inevitable contextualizar. Este hombre pasó una temporada en arresto domiciliario, e hizo una película entre su casa y el descansillo. Ahora tiene prohibido hacer cine, y pone una cámara en el salpicadero del auto y conduce.

··········Aparentemente, porque realmente hace cine, piensa una historia, la diseña, la planifica, la ejecuta, la monta. Seguramente con tomas repetidas, cuasi ensayos. Pero el producto final tiene la frescura de lo que pretende ser, lo que cuenta la publicidad (“un fresco de la actual sociedad iraní”…). Se ve más bien planificación; el juego de dos cámaras sobre el salpicadero se complementa astutamente con la cámara de un móvil y la de la niña.

··········Pero no sólo ahí, también en el guión no se deja nada al azar. Tras las explicaciones de la niña sobre lo que es una película permisible por el régimen (puede mostrarse la realidad, pero mientras no sea sórdida) estará el episodio del muchacho callejero y el dinero ajeno recogido, y la necesidad de filmar el bien, de acomodar la realidad a lo filmable según la voluntad del poder. Tras la mujer empoderada que discute al ladrón partidario de la pena de muerte, la mujer que depende de un testamente in voce de su marido herido para poder heredar algo tras su muerte. Tras la consulta del joven director sobre qué idea filmar de todas las que uno ha encontrado en pelis o libros, la mágica historia de las dos hermanas, con la prisa de la liebre de Alicia, y sus peces. Tras la narración del asalto y robo del amigo y su consciencia de quién ha sido, a la escucha de la voz del interrogador y el intento de robo de esta misma película.

··········Los títulos de crédito más significativamente cortos que yo haya visto en el cine. Y una tontería: agradezcamos a Alah que Panahi sea director de cine, porque como chófer tiene peligro.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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