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··········Pensándolo de memoria, iba yo a escribir que no suelo conectar con el cine de Resnais. Es cierto que durante mucho tiempo he usado expresiones como “a mí no ha conseguido echarme de una sala de cine ni Resnais con El año pasado en Marienbad”. Pero también lo es que cuando este hombre ponía una cierta pasión, por encima de un intelectualismo que aleja a los simples como yo, a mí me ha hecho disfrutar. Compruebo la única otra peli de este hombre que está comentada en esta bitácora y ¡ay!, este párrafo está repetido.

··········En esta peli, que por decirlo ya, al cuarto de hora empieza a aburrirme soberanamente, hay dos cuestiones bien interesantes en principio. Por una parte, dentro de que se trata de una obra de teatro y hay un ejercicio de construir los espacios escénicos con atrezzos más sorprendentes que naturalistas, la manera de cambiar de escenas es ingeniosa y simpática: la sucesión de imágenes de carretera (en un húmedo condado inglés) que se acerca a una de las casa donde sucede la trama, a continuación un elaborado dibujo de esa casa (distinto cada vez, y por fin entrada en escenario, acompañando con músicas específicas para cada una de las cuatro casas donde se desarrolla la trama. Es ingenioso y crea en mi como espectador un estado de escuchar “te voy a contar / te estoy contando una historia” en lugar del habitual y cinematográfico “entra en esta historia que sucede en torno a ti”. Eso sí, la función asignada a este sistema de entradillas hace que por fuerza sea repetitivo.

··········La otra está en el argumento. Si bien es una obra de teatro (que se desarrolla en el periodo de ensayo de otra obra de teatro) de esas británicas y cuyo tratamiento frívolo de las relaciones de pareja da un tono de superficialidad, contiene un giro conforme avanza la trama en el que, escondido bajo lo que ya parece un vodevil de citas adúlteras, un personaje –Georges- que centra el argumento aunque no aparecerá en escena, toma, ante el inevitable suceso de su próxima muerte, una decisión en favor de los que han sido sus amigos que nosotros –y no los personajes- veremos dibujarse ante nuestros ojos y funcionar eficazmente como una verdadera herencia de amor. En uno de esos cortocircuitos verbales que dan a veces chispazos en lo que queda de mi cerebro, esta decisión de Georges me recuerda la que toma el padre en la tremenda “El regreso”, de Andrej Zvyagintsev, por contener el sacrificio de la propia honra, del derecho a ser querido, en beneficio de las personas a quien realmente quieres.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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