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··········La peli ya está lastrada en sí por la banalidad del tema, el forzado paralelismo entre la problemática de la elección entre el interés racional de tener una pareja (sea por convivencia cómoda, sea por dinero) y el amor romántico, con la problemática entre el racionalismo y las supercherías espiritistas (a su vez, relacionadas endeblemente con el ilusionismo de la magia como espectáculo, del que nadie espera realidad).

··········Se desarrolla con unos diálogos largos y bastante sosos. Ni humor, ni ingenio; lo único en lo que se apoya es en que todos estemos de acuerdo en que el protagonista es un tipo despreciable, y esto tampoco está muy bien planteado, ya que la trama le ha de hacer cambiar de actitud un par de veces y ya no hay manera de que no resulte acartonadamente despreciable. Pero lo peor es que algunos de esos largos diálogos están muy mal construidos; me recordaba a novelas del tipo de Agata Christie, en la que los personajes en torno a una mesa van intercalando frases sólo para que el lector tenga los antecedentes de algo, sin mostrarnos a personas distintas con distintas posiciones, conocimientos del hecho o sentimientos hacia éste: sólo un narrador partido en cuatro voces.

··········La veo en una sala llena y la gente sale feliz. Es inevitable pensar en el carácter aliviador que tiene ver el lujo: los paisajes de la Costa Azul, los caserones de los ricos (omitamos a los criados, para que no desluzcan). Resulta tan artificial que sabemos que estamos en Francia, como antes en Berlín, porque lo dice el guión. Sólo anglosajones veremos y oiremos. La falta de implicación emocional hace que uno caiga en detalles tontos, como que el observatorio astronómico no sólo está abierto de par en par, sino que dentro de él hay mesas de trabajo con los flexos encendidos; está claro que no se quería hacer aparecer un secundario más en la trama (que encima igual ni sabía hablar inglés), pero, tío, apaga la luz. Al menos.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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