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··········Aunque el planteamiento me hizo pensar que podría tener interés, me encuentro con una peli decepcionante. La pervivencia en el recuerdo y en el sentir diario y cotidiano de la pérdida de vidas y bienes (como la salud y las capacidades humanas) sufrida traumáticamente, y no de forma azarosa, sino con culpables concretos, me parece psicológicamente atractivo. ¿Cuándo o cómo puede suceder la liberación? Parece haber un consenso en que verdad, justicia y reparación son la tríada básica. Pero en el caso que se plantea aquí (los muertos y daños los causó ETA en el País Vasco), esos tres factores están bien satisfechos: se sabe quién lo hizo, el reproche penal es de larguísimo plazo y es sabido que, por el uso político que se ha hecho de las víctimas de uno de los bandos, compensación monetaria ha habido bastante.

··········Pivota sobre José Coronado transmitirnos ese mantenimiento en la cotidianeidad de la necesidad de hacer algo para curarse. No me gusta cómo lo hace, pero tampoco lo tiene fácil: la historia empieza cuando él ya ha iniciado el viaje a la catarsis. Sí me parece curioso que se muestre un problema físico con la expresión de la afectividad, pero se echa a perder cuando un tipo que al parecer lleva trece años teniendo incapacidad para el contacto físico (para abrazar a su hija, por ejemplo) echa un polvo sin más allá de unos minutos de tensión. No es la única actuación que no me da lo que la historia necesita: la hija minusválida, supongo que en la intención de ser presentada como amargada, es en realidad absurdamente infantil para una veinteañera. Y qué decir del polaco: si –mediante un contrato extrañísimo, vaya, absurdo- vas a confiar a tu hija a un chico que le dé de todo (guiño, guiño, sí, casi así lo dice Coronado varias veces), al menos escoge un tipo aparente de aspecto, con recursos verbales, simpatía…

··········Fallan, en fin, más cosas. Algunos problemas de continuidad (la posición del prota en unos planos – contra planos), algunas cuestiones físicas de la gente en la escena (la barra de la cortina, el manotazo que desbarata lo que hay en la mesa, en una persona que no puede fácilmente recoger nada) y argumentales (por decir algo, buscar una casa rural… cuando estás ya viviendo en un caserío aislado, o que al parecer escribir una buena novela está al alcance de cualquiera). Pero lo que más intensamente me fastidia de la peli es que se confía la narración de la historia a una música argumental, subrayadora, tremendamente insistente. Una persona que no entendiera castellano (ni vasco ni catalán), sabría exactamente qué debe sentir en cada escena gracias a esa plétora de violines y piano.

··········En los momentos en que esa música me permitía pensar un poco, caía yo en que la historia podía servir simbólicamente para hablar de lo que está pasando en ese tema: la obsesión de que no haya ningún movimiento político por parte del Estado, que lo confía todo a una cuestión penal, cuando es una justicia penal trufada de política: las leyes y jurisprudencias sobre conceptos como “el entorno”, la negación de la vigilancia debida sobre los malos tratos o el hecho –tan poco coherente con el Estado de derecho- de añadir a las penas impuestas por los jueces otras de extrañamiento que son impuestas a su antojo por la administración penitenciaria. En fin, todo lo que se viene haciendo para reforzar el “no hay nada que hablar”, que a quien más daña no es a quien sí tiene algo de lo que arrepentirse, sino al conjunto de la sociedad, lo que se ejemplifica bien en la peli (aunque puede que involuntariamente) en madre e hijo, completamente fuera incluso del “entorno”, apuntados por la pistola de la víctima.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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