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··········Aparentemente, no es una película, pero tampoco es su guión, ni su trailer, ni su making of, algo diferente: la depuración, la reducción al mínimo de lo necesario para contar una historia. El efecto es recordar el poder de comunicación de los actores, que a menudo han de construir el decorado y al puesta en escena mientras actúan y, en adición, ocasionalmente han de interpretar dos niveles, el de la historia contada y el del actor que hace la lectura en alto del guión.

··········Ya sólo por eso resultaría interesante, pero hay alguna otra cosa: una buena capacidad para mirar las maneras en que nos protegemos o nos mentimos. La diferencia entre tontos y estúpidos, entre quienes han cometido y cometen errores y quienes los vuelcan sobre los otros. Unos buenos diálogos, que suenan naturales (no siempre, mejor en las historias de los tontos que en la de los estúpidos). Recuerda un poco a las historias de Sergi Belbel, esa sensación de ausencia de un tema único en una intercalación de historias. No tanto historias de amor y desamor como cuanto de los cambios que unos y otros provocan: la virilización de la mujer viuda, lo que se aprende en una relación con un imbécil, la creencia –por el imbécil- de que una relación consiste en la disponibilidad, la irrupción del joven tipo “Teorema” de Pasolini (con la buena idea de que él no aparezca porque no importa como personaje, sino por sus efectos).

··········Además me parece de una factura elegante. Cuestiones de fotografía e iluminación en la que probablemente reparo poco normalmente, aquí destacan por lo peculiar de la propuesta. Me gusta también que el juego en tres niveles (los actores como seres reales, los actores que actúan de actores de una película, los personajes de esta última) no pretende nunca confundir ni invadirse unos a otros: uno de los esquemas se separa con blanco y negro y ausencia de sonido, y el otro apenas va conduciendo y rara vez i(nte)rrumpe.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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