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··········Una mala secuela, a la que sólo compensaría llevar a chicos pequeños, porque a poco que ya hayan visto algo de cine, ésta les parecerá floja. No es tanto una cuestión de chapucería o de serie Z, aunque hay algún “momento croma” en los primeros movimientos de los monos, y otro en que el héroe, al bajarse de su automóvil en medio de un aguacero y subir por un bosque, no es que haga sombra, es que hace dos, una a cada lado del cuerpo.

··········El problema es, sobre todo, de guión. Todo está trillado y repetido, con esquemas de personajes que parecen proceder de “El Rey León”. Pero no sólo la línea argumental principal, sino sus desarrollos, la escritura del movimiento de la gente. Por ejemplo, está el prota y la chica y el adolescente con capucha (no modelo musculitos, sino lánguido, -¡y que lee a Burns!, hasta en este rodaje se cuela cierta gente-): pues la manera de ingeniársela para que salgan de expedición juntos, acompañados de ese malo que hay siempre en el bando de los buenos, y que ya ha dejado clara su inestabilidad psicológica, contra toda lógica del argumento (pero con toda lógica para facilitar el trabajo de un guionista vago) es un ejemplo de cutrería: al chico “no le vamos a dejar sólo” (con varios miles de humanos, en su ciudad), al malote nos lo llevamos porque es un experto hidroeléctrico (aunque luego no le veamos mover un tornillo más que a los demás) y a la chica, que es la que da al menos un argumento (es médica, lo que da cierto sentido práctico a su presencia), el prota le responde –paradigmático- con una sonrisa de superioridad (ay, mi niña, que tiene estudios) y un abrazo y un “te quiero”; o sea, vienes porque eres mi nena, que esa manía que tenéis las mujeres de estudiar… En fin.

··········Bien, decidido no gastarse mucho en guionistas (ni en escritores de diálogos, que se pueden copiar tranquilamente de cualquier otra película, barajándolos un poco). Tampoco vamos a gastarnos en actores humanos, con la pasta que nos dejamos en monos. Y en música, que te voy a decir. Pero tío, si vas a mover masas, a filmar ciudades con diez años de abandono, si te han dejado filmar en un espectacular bosque canadiense, cúrratelo un poco, no sé, impresiona, haz que las imágenes nos pisen la atención. Luego ya las cuestiones más técnicas, la fimación de la batalla y de las peleas individuales me parecen más eficientes, pero en una peli plana y aburrida.

··········En cuanto a las tonterías de detalle, lo habitual: un no parar. Entre las razones para poner en marcha una hidroeléctrica está poder transmitir por radio (cuando hay una ciudad funcionando, un despliegue de vehículos consumiendo nafta y hasta pilas para el megáfono), que yo diría que en energía eléctrica una radio no es lo que más consume. La presa, por cierto, está llena de troncos cortados flotando (muchos y perfectamente cortados, una genuina obra de castores), cuando los humanos se supone que llevan al menos diez años sin actividad económica: ¿diez años no alteran un tronco en el agua? Hay manadas de ciervos que no huelen a cientos de monos sobre sus cabezas. Hay ramas cortas y secas (sin hojas) de abeto, que soportan estoicas el peso de dos grandes simios. El juego de los idiomas, se resuelve de una manera caótica: los monos usan el inglés o la lengua de sordomudos sin más pauta que la dramaturgia planeada por el guionista: si al principio los dos o tres simios que han desarrollado la fonación usan su inglés para hablar con los humanos (algo razonable), luego inopinadamente lo hacen para hablar ocasionalmente con éste o aquel mono, o con una masa de ellos. Pero, pásmate: en una comunidad animal en que tres o cuatro pueden articular alguna palabra en inglés (solo una pizca mejor pronunciado que el mío): hay una escuela en que en un a modo de pizarra están escritas una suerte de leyes de la robótica (simiótica -¿semiótica?-): mono no mata mono y tal. Escritas, sí. No me extraña que, cuando asaltan un arsenal, no sólo comprendan inmediatamente el mecanismo de los seguros y gatillos de las diversas armas, sino que alguno de ellos directamente se pone una canana de balas terciada sobre el hombro, a la mexicana. ¡Válgame Darwin!

··········E ideológicamente, lo esperable. Aunque en este tema siempre se le puede sacar algo de jugo al género, aunque sea la buena determinación de que el racismo proviene casi siempre del miedo. El recuerdo, que nunca sobra en pelis para la chavalería, de que canallas y buena gente hay en todas las razas y países. También la justificación de la pena de muerte por la vía de lógica penal más drástica: la ley dice que mono no mata mono, este tipo merece morir, luego se deduce que este mono se ha degradado por debajo de la condición de mono; ergo ya no es aplicable la primera norma, ¡hala!

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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