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··········Una de esas películas en las que el tráiler publicitario parece de más calidad que la peli en sí. Partiendo de una idea muy sugerente(y perdonando la inconsistencia de un hermano que nadie ha visto nunca pero que es inmediatamente reconocido y confundido en un restaurante), hay una serie de detalles mal resueltos, como si voluntariamente se alejara del verismo. No me refiero a escenas oníricas como la de la piscina sino a momentos tontos, como todos aquellos en que aparece el Presidente de la República (¿hablando bajito para que no le escuchen edecanes que permite estar presentes?, ¿dando saltitos en torno a un mapamundi?), o la chorrada de que un equipo de rodaje entre en crisis porque le falta un peón de atrezzo y lo solucione contratando a un anciano. O cosas mal montadas, como la pesadilla de la niña, que nos tienen que explicar después que hubo tal cosa. También hay momentos de exagerar la comedia, o de rebajar su nivel, que desvalorizan un poco el resto, como lo dicho del Presidente, o el tango con la Canciller.

··········Pero en fin, la peli tiene cuenta una historia curiosa, que da bastante juego. Por una parte, por el uso político de la retórica para conectar con la afectividad del electorado (y justo en estos días, en que en las elecciones europeas celebradas en España una de las listas ha usado ampliamente este efecto con gran éxito). En todo caso, no es en realidad una peli muy política, porque habla de lo que apsa en salones, moquetas, despachos: no aparece nada detrás, clases sociales, intereses, grupos de presión. En fin, sí es política (y de la que aguantamos hoy y nos sobra) pero de esa que es un artificio sobrenadando los problemas de la gente. Lo cual no está mal hablando del invento ése que hicieron para cargarse el Partido Comunista Italiano (no se disimula, aparece un instante una foto de Enrico Berlinguer).

··········Permitidme una maldad cínica: en conjunto toda la historia podría leerse de esta manera: el político comme il faut debe, durante una campaña electoral, sacar del armario su gemelo, el hombre afectivo capaz de conectar con el público y esconder así cuál es su tarea real (el hermano sano canturrea al final ante el asistente, como parte de una actuación). Y este (re)aprendizaje, para nuestro líder de la oposición, tiene lugar –dónde mejor- en el paradigma de la representación y el trampantojo: el rodaje cinematográfico.

··········Muy visible, en fin, pero con una intensa sensación de superficialidad, de reconducirlo todo a un juego de hermanos gemelos que se sustituyen en un examen. Salvo que uno se crea que hay algo más que la retórica y para eso harían falta algo más de dos frases de un libro de filosofía.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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