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··········Me fastidian los errores tontos en las películas. Quizás no tiene mucho sentido fijarse en banalidades, pero por otra parte, cuando eso sucede también se debe a que la película no ha captado mi atención lo bastante. En esta peli hay cosas como que, tras pasar la noche en un coche en un acantilado en Fisterra, amanece… en el mar, en el oeste, un sindiós, vamos. O a un anciano le tiemblan las manos (tiene un motivo extra, aparte de la edad, pero eso es lo de menos) y regaña a quien le ha servido diciendo que a él no se le deben llenar las tazas; éste no se levanta a la mesa con tazas que hay al lado, sino que traga él la mitad de la taza, a lo que el anciano responde que nadie ha hecho nunca eso por él; pero ¿quién puede escribir algo así? Un tipo de 70 años, que fuma al parecer por primera vez (sí, lo sabéis, toserá y quien le ha pasado el cigarro se reirá, como si alguno de ellos recordara que alguna vez tuvieron doce años) coge el cigarrillo como si fuera un objeto extraño… que él jamás hubiera visto coger a nadie. En general, toda la composición física del personaje de Irons es patética; cierto que tiene que hacer parecer que es poco menos que tonto para la vida cotidiana, pero tan pronto cojea como corre tranquilamente. Bueno, muchas más inconsistencias tontas, que no tienen más importancia que la de dar la sensación de que el tipo que ha escrito el guión no lo ha leído luego al menos una vez (perseguir al farmacéutico para hablar con él en público en vez de entrar en la farmacia, llamar por teléfono al jefe en Berna para decirle… nada; un padre observando impertérrito la asfixia y posterior traqueotomía de su hija, …). De la inconsistencia idiomática, pasemos.

··········El caso es que, a cambio, la historia debería tener potencia. Y algo tiene pero, en primer lugar, hay que hacernos creer que la lectura de un librito vuelve loco a un profesor universitario (cuya casa es un puro libro): pues bien, nos van leyendo párrafos que, ora por desordenados, ora por ser lugares comunes, no son capaces de dibujarnos al personaje, del que –del libro- sólo aprenderemos que era muy culto y pensaba en términos filosóficos. Soy consciente de que no se habla de filosofía con facilidad en una película (incluso cuasi-alemana), pero quizás deberían escogerse textos más ligados entre sí y que aporten algo novedoso. Aquí al final sólo hay un pensamiento que (gracias a que la voz en off lo repite un par de veces) puede tener algún interés y una muy vaga relación con la historia.

··········¿Dónde está entonces la sustancia? Aunque pudiera parecer que, reconstruyéndose en la película la vida de un tipo que llegó a participar en la resistencia (eufemismo para no mencionar al Partido) portuguesa durante la dictadura de Salazar-Caetano, podría tratarse del compromiso o de temas conexos (cuando en la lucha coinciden trabajadores con personas que pertenecen a la clase de los beneficiados por la dictadura, por ejemplo), pero tampoco va de eso. Al final, lo que tenemos es (vale, lo adivinásteis de nuevo) una historia de amor, reconozcámoslo, un poco rarita, porque en ella la enamoradiza chica tiene la cabeza –y la libertad- de ir dándose cuenta sucesivamente que amar de verdad no ama lo bastante (y que una cosa es prendarse de un guapete poético y filosófico y otra es irse a vivir con el al Amazonas, amosnomejodas).

··········¿Qué queda? Bueno, el verdadero tema de la película probablemente es el paralelismo entre dos personas (el que se emboba con un libro y aquél que lo escribió) que coinciden en que ambos se saben más cultos que los demás y son conscientes de que eso puede aislar, pero si uno escapó de la trampa por la vía del compromiso y la amistad adolescente, el otro lo hará por la vía del viaje y de encontrar una mujer que no pretenda que baile. A mí no me basta para sujetar la peli.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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