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··········Al menos hay dos buenos motivos para ver esta peli. La música, claro: bluegrass, cuerdas acústicas y perfectamente imbricada con la historia; y lo reparador que es llorar en el cine.

··········Pero una vez que se sale, el tratamiento de aquello que parece el tema principal de la peli, la manera de afrontar (o no, de vivir) la pérdida más desoladora, resulta un poco confusa en su desarrollo. Conforme se va asentando la muerte sucedida, el sentimiento de culpabilidad sí se cuenta bien, porque esos arranques los conocemos bien todos, qué es el pecado original realmente si no es la culpa; pero el otro elemento de dolor y enfrentamiento en la pareja (una especie de oposición entre racionalidad y religión) no resulta claro en ninguno de los dos extremos (y empeora con una escena patética –en ambos sentidos- durante el último concierto): los personajes no han mostrado antes esas extremosidades y no parece que el darwinismo o el simbolismo animal hayan venido siendo cruciales en su vida.

··········Con todo, la peli emociona bien. El color y la iluminación a veces son tan homenajeadores del mundo agrario yanqui (yo me pasé un rato pensando que la acción era en Estados Unidos) como los propios personajes lo son de esa música. Asume, además, un riesgo: la secuencia temporal no es cronológica, y hay una multitud de saltos adelante y atrás. La peli, empero, no resulta confusa, y esa elección narrativa quiebra la tradición de acumular sentimientos crecientes hasta una catarsis para empezar de nuevo. Aquí el sentimiento nos envuelve desde que empezamos a ver cómo han sucedido las cosas, sea la muerte, el amor, la maternidad…

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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