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··········Esta vez el trailer no engañaba. Esa imagen del tipo enamorado dando vueltas sobre sí mismo babeando de felicidad mientras la cámara hace otro tanto con él, era suficientemente disuasoria. Pero fui.

··········En fin, una historia de amor, en la peor acepción de la palabra: aquel sentimiento que sólo habla de sí mismo, sólo se observa a sí mismo. A la manera de los adolescentes educados en lo yanqui, a la manera de series como “Friends” o “Cómo conocí a vuestra madre”, esa forma de ver las relaciones humanas como la agotadora búsqueda de una media naranja mediante un simple y muy regulado sistema de citas. Al fin y al cabo, el mejor trasunto del mercado, oferta demanda y fijación del precio, que muestra hasta qué punto estamos embebidos del sistema.

··········Confieso que me predispone contra la peli el tipo, el personaje: su gesticulación, su forma de enunciar y de moverse (hasta esa moda que se inventan –la peli es una pizca futurista- de los pantalones sin cinturón y por encima del ombligo, mondié, mondié). A cambio, veo más interés en la arquitectura, los espacios y la forma en que son filmados, porque aunan, de una manera muy funcional –casi paralela- a la historia, una pulsión estética con una incapacidad de generar comunicación, espacios callejeros o laborales compartidos.

··········¿Carece de interés? No lo creo; pese a que a mí no me guste en su realización, hay elementos sugerentes en la trama. Por una parte, la expresión de la sexualidad compartida sin cuerpos en común; lo que pasa es que no es precisamente una novedad, y aquí se presenta de la manera más cutre verbalmente, sin que se aporte nada salvo quizás intentar sorprender a gente muy anciana o a algún amish; yo no soy precisamente un pionero y esta semana se cumplían dieciséis años de mi primera conexión no laboral a internet. Y, aún de más interés (aunque me temo que no con una perspectiva autocrítica), el desvelamiento de una forma de amar que se basa en la posesión, en este caso en la exclusividad. Al tratarse de un sistema operativo, un bien de mercado, exclusividad es precisamente lo que no se puede dar; entra entonces el concepto de inteligencia artificial, de programación que se autocompleta mediante su propia experiencia (no puedo imaginarme a Turing interactuando con esta ñoñería), que es lo que sí permitiría la diferenciación y, por ende, la posesión en exclusiva. Sin embargo, un giro de guión (nada bien explicado) hace ver que ese sistema no ha sido mantenido por el fabricante aislado en la máquina en la que se ha instalado y que, por abaratar costes, se supone, complementa su aprendizaje con todos los usuarios y, por ello, pertenece a todos; así que el tipo, ¡pobre!, se siente desposeído porque no posee en exclusiva. Esto, por cierto, recuerda al sistema de actualizaciones de Windows: si dejas que él se actualice por su cuenta, ten por seguro que echará abajo tu ordenador en algún momento.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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