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··········Uno padece (o disfruta) de cierta debilidad por Kore-Eda, tan donostiarra él, así que le cuesta decir nada malo. Quizás aquí haya una cierta demora en la evolución de los personajes: los intérpretes muestran muy bien, en cada mirada, en cada gesto, lo que va pasando por –y cambiando en- sus cabezas, y sin embargo se nos hace ver etapas que no aportan mucho.

··········Cumplido el trámite, digamos que es una peli muy interesante, por aquello de lo que habla directamente, pero también por temas conexos. Y lo es pese a que la anécdota que dispara la trama es un tanto extraña (¿el 100% de las familias en esas circunstancias optan por la misma solución?) y a que la presentación de los dos entornos familiares parece inicialmente un tanto estereotipada.

··········Pero la carga en esos vehículos es sustantiva: qué define la paternidad, qué dispara ese amor a los cachorros, ¿el primer contacto, la conciencia de su debilidad, de su dependencia, sus primeros retornos?; o mas bien, cuando la formación personal (social sólo en cierta medida) exige a la condición de padre la responsabilización no en la felicidad sino en el desarrollo de la cría, ¿depende el amor paterno de ir encontrando en la progenie los rastros del carácter que garantizarán el éxito en esa misión?, ¿genética o ambiente? (La sombra del ciprés es alargada, lo tituló Delibes).

··········Alrededor del tema principal, cuestiones de clase social que parecen funcionar como elemento para despistar (quien es más ansioso de dinero, ¿no es quien menos lo es del éxito?, ¿no es esa la mentalidad coherente del proletariado, que no se confía al cambio de papeles sino a la obtención del bienestar?). Y cuestiones de género, con una familia donde la mujer ha entregado hasta tal punto su poder que incluso ante un suceso tan terrible parece que todas las decisiones las toma el varón, mientras que la otra, menos dependiente, conserva margen de maniobra.

··········Y derivadas del tema principal, sobre la manera de educar: la obviedad de que lo que verdad reclama siempre un niño es tiempo (y juguetes arreglables), o la bonita escena en que una familia recibe a su hijo al grupo de “¡Bienvenido!” y la otra con la fórmula “¿Te has portado bien?”.

··········Como siempre en las películas de este hombre, los niños funcionan muy bien. Hay una extraña (aunque coherente con la historia) oscuridad en buena parte de la peli

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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