Etiquetas

,

··········Una historia interesante, muy bien contada usando dos planos diferentes: el de los lugares (la rutilante estación de esquí, el feo pueblo del valle) y el de las personas (las dos personas que es Simon a la vez). Y el arriba y el abajo, unidos por el teleférico. Al subir, Simon deja de ser un chaval de 12 años que tiene que mantener en pie su casa ante el absentismo una chica mayor para ser un cliente que se mueve con soltura y que es experto en muchas cosas.

··········Pero Simon sube para bajar llevando algo, lo que se puede tomar de arriba y usar abajo, el dinero, el valor. Dinero que sólo puede dar cierta calma, pero que no basta, ni para conseguir un abrazo o una muestra de cariño. Pero dinero imprescindible al fin. Simon no sólo sube a robar y bajar lo robado, sino a ser otro, en un lugar donde puede más o menos razonablemente estar sólo sin que eso signifique que realmente lo está: arriba puede tener una historia llena de gente que le quiere, abajo nadie se creería esa historia. Lo malo es si te descubren, porque la vuelta es simbólica: si eres basura, bajas con la basura.

··········Una historia muy bien actuada. La frenética actividad de Simon, la autoconmiseración de la chica (su secreto no es sólo culpa, es sobre todo atadura, castigo vital), los desesperados intentos de obtener cariño a cambio de ocuparse de mantener la casa, de no reprochar, o de pagar. Y muy bien filmada, con el contraste (no exagernadolo con subrayados) entre el níveo arriba y el barrizal de abajo, entre el paisaje desde los remontes y el hormigón y metal de sus torres, pero también entre los dos lados de la barra: el de los clientes, el de los empleos basura de la hostelería.

··········Y la bonita escena final, con el cruce de cabinas del teleférico, que nos permite imaginar que quienes se buscan se encontrarán, pero a la vez que vemos que ya van en direcciones contrarias.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

Anuncios