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··········Una peli que podría parecer centrada en algo anecdótico y olvidable pero que para sus protagonistas no lo es. Lo digo por la inanidad del sentimiento amoroso que se nos cuenta. Un buen ejemplo, como película de crecimiento, de la capacidad de aprenderse de los sentimientos (aunque nuestra percepción más común sea creer que surgen de nosotros mismos como una fuerza interna y etcétera): el amor de esta chavala por el primer adulto a mano es una construcción para obtener el interés y el aprecio de quien de verdad le importa, su compañera, a la vez que para satisfacer el impulso natural de sentirse estirados desde arriba, desde el grupo de edad ligeramente superior y no retenidos desde abajo, desde el grupo propio o de los menores. Esfuerzos de fronteras, pero, al contrario que los contrabandistas, los adolescentes rara vez pueden disfrutar de una vuelta atrás y si la hay es ocasional (o psicopatológica).

··········La peli nos trata a los espectadores casi como a la caterva de muchachos obesos: disciplina y repetición. Es cierto que la visión tiene un tono humorístico (me recuerda a algunas escenas de las películas más antiguas de Werner Herzog, “También los enanos empezaron pequeños”, “Fata Morgana” y tal), pero que se agota. Personalmente no me cansa, pero creo que es bueno avisar.

··········Y ¿por qué no me cansa? Por un lado, como en la otra de la trilogía que comentaba aquí, la estética de los encuadres. Pero, sobre todo, una notable naturalidad en toda la chavalería, sus conversaciones, su gesticulación, su manera de desplazar sus cuerpos bajo las órdenes y los silbatos, y de relajarse después. Y, claro, porque –mucho más desesperanzada que el título- es una buena narración del crecimiento, no como un ascenso de categoría, de oruga a mariposa, sino como un mero cambio de estado y de problemas y de tristezas y soledades.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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