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··········Hay películas que ya tienen asegurado un sitio por elementos ajenos a su propio contenido. Ésta es, por lo que dicen, la primera película de Arabia Saudí, con la peculiaridad de ser dirigida por una mujer y tratar muy específicamente de la situación de ellas en ese país. Digo esto porque me parece que la peli no tiene, digamos, mucha calidad en su confección. Por ejemplo, hay momentos en el montaje en el que se oye tocar una puerta, corte, y en la siguiente escena ni entra ni ha entrado nadie. O la cámara que, con mucha frecuencia, se acerca y se demora en enseñarnos algo… que sólo un público concreto entenderá (como ciertas comidas, o multitud de momentos en que nos muestra algo que está escrito, en árabe, claro, sin ninguna traducción).

··········No quiero decir que la peli no funcione. Aunque no creo que gestione bien la tensión de los sucesos, siempre está pasando algo, y los principales protagonistas infantiles son resplandecientes.

··········Pero, sobre todo, la peli cuenta bien los efectos cotidianos de la articulación social entre sexos en ese país (en cierta medida, en todos los lados donde el islam gobierna las conciencias…, como tantas otras religiones hoy y en otros momentos de la historia). Usando la historia de la niña que quiere montar en bicicleta, se cuenta sobre todo la de la madre que, aun habiendo conquistado el muy relativo grado de independencia de ser una trabajadora asalariada, ha de vivir aterrada por la posibilidad de que su marido tome a otra mujer por esposa, y ha de vivir humillada por su dependencia de sujetos ajenos, pero varones, como los conductores, que son su instrumento necesario para poder acudir al trabajo. Y hay ese gesto final de la madre (bici para ser libre frente a vestido para agradar como sumisa al amo) que es primer elemento de cualquier revolución: la solidaridad de los oprimidos.

··········Hay dos referencias cinematográficas, que quizás ni siquiera sean una cita, sino una coincidencia: el gesto de Wadjda en la escena final (torpemente cortado en negro para pasar a los títulos de crédito) funciona como el de Antoine Doinel en “Los cuatrocientos golpes” (véase el cartel): no sabemos qué va a pasar a partir de ahí, pero el narrador le ha concedido a éste el mar y a Wadjda una bicicleta verde desde la que mirar hacia atrás. La otra es que el desafío de la niña con el aprendizaje del Corán, para un fin muy distinto al que sus profesoras desean, recuerda los duros entrenamientos de Colin Smith en “La soledad del corredor de fondo”… para no regalarle la victoria al sistema.

··········Para los que usan este tipo de historias para alimentar islamofobias: Veo esta peli con una amiga que fue niña en un pueblo de Jaén en los años 60 y 70 del siglo XX: tampoco allí estaba prohibido, pero a ninguna niña del pueblo se le compraba una bicicleta. Los niños iban juntos donde ellas no alcanzaban (porque ellas no tenían), los niños tenían funciones con reconocimiento social (obtener en el monte la leña para una celebración religiosa) que ellas no podían cumplir, porque no tenían bicicletas.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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