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··········En este país de todos los demonios, durante el alocado viaje al pasado al que nos conducen (indiferentes al riesgo de llegar a 1792 y encontrarse con la guillotina -¡eléctrica y en la Puerta del Sol!, reclamaba Max Estrella-), puede suceder que uno entre en un cine en 2013 y se sienta (y se siente) en 1965. No se trata sólo de la ideología de esta película, sino que las formas son de ese cine de época –y de épica-, en mil detalles; por decir uno simpático: dama mayor hablando con su marido en la cama prestos a dormir, pintada como para una boda, le falta sólo el halo. Sí hay un atisbo de modernidad ocasional en la cámara temblona; curiosamente no en las escenas de batalla (filmadas con el clasicismo de un western), sino en escenas de diálogo en interiores.

··········La peli es un relato de buenos y malos, que narra la primera guerra cristera mejicana. No hay ninguna concesión a explicar la historia: las normas constitucionales revolucionarias que el presidente Calles intenta imponer, parecen provenir de un prurito, o una ocurrencia. Los pobres católicos, en fin, se ven obligados a defenderse a tiros. Es curioso que sólo a unos personajes se les permite situar sus intereses, mientras que todos los demás parecen arrebatados por sus sentimientos (religiosos o antirreligiosos, no laicos, o revolucionarios). Y esos personajes son los yanquis, de quienes se deja claro que tuvieron la inteligencia de aprovechar la guerra en su frontera sur para obtener privilegios en las concesiones petroleras.

··········Este combate ideológico, parece permitirse unos matices: las discusiones dentro de la Liga de los católicos sobre si pasar o no a la lucha armada, y el hecho de que el general que se pone al mando de los de Cristo Rey es un ateo cínico. Bien, sí, lo habéis adivinado: se convierte y confiesa justo antes de morir. El otro conflicto se resuelve de un plumazo, una vez iniciada la guerra pero, con todo, es lo que podría tener más interés.

··········Clasicismo, en fin, en los actores; un chaval de mirada brillante que recuerda a “Marcelino pan y vino”, pero los demás, meros vehículos de la acción. Y unos títulos de crédito que nos indican cuáles de los personajes narrados han sido ya beatificados y están en la carrera hacia la santidad. Porque esto es como lo de la guerra de España: unos muertos van ascendiendo con cada nuevo papado los escalones del escalafón celestial, mientras otros yacen en las cunetas sobre las que se construyen autovías para garantizar el flujo de sobres. En fin.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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