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··········Volver a Dickens es lo más apropiado para estos tiempos desenmascarados. Pero no será esta peli la que se traiga algo interesante de ese autor y de ese tiempo. Lo esencial es una notable falta de emoción sincera, de interés. La primera media hora, al menos tiene algo, gracias al paisaje, a cierta inocencia, a los sucesos que impactan en un niño. Pero, a partir de ahí, tras la aparición de un fuera de lugar personaje-Tim Burton, y un tono de peli de hadas, la peli se entrega a una especie de embarullamiento.

··········Ciertamente, se trata de una novela grande, pero es como si se dudara a cada momento de qué se va a contar y qué a omitir. De manera que hay mucho movimiento, muchos personajes, y poca comprensibilidad, pocas conexiones, poco desarrollo. La gente no es que no cambie, es que lo hace a golpes. Esta falta de claridad narrativa en lo general, en lo importante de la trama, se repite también en los detalles (en unos minutos el protagonista está tanto en una pensión cutre como en un palacio que parece que es suyo, pero que se lo presenta a otro como un regalo; o alguna fiesta en otro palacio que se entiende que es de una persona en cuya oficina desportillada poco menos que se pasean las ratas).

··········La trama, ya digo, a mí no me llega a emocionar. Y no será porque no pasen cosas (complicadas casualidades familiares, adopciones, enriquecimientos, ruinas, venganzas), que al lado de esto “El conde de Montecristo” parece un tebeo de Supermán. Este desinterés trae causa sobre todo de la espantosa actuación del protagonista masculino (una vez adulto): una especie de adolescente televisivo que da algo de grima.

··········Como realización, también es algo aburrida, con esas cámaras elevándose en una grúa y esa moda de que la ambientación de tiempos pasados debe consistir en que la gente vaya sucia y se mueva en espacios apelotonados.

··········Y de los temas de fondo, tampoco mucho que decir: la visión conservadora de que más vale que los pobres se queden en su clase, que se ve que los ricos dan más cornadas que el hambre. Lo que tiene de valioso la historia de un muchacho que crece por dentro y se llena de grandes esperanzas y que, como digo, en la primera media hora resulta sugerente (el colegio, leer, enseñar a escribir, querer saberlo todo; hasta que un casto besito prepúber sustituye a las causas de los impulsos), y que luego es devuelto, queda muy pisado en la peli por cosas sin interés. Quedémonos pues en el mundo del hambre y del trabajo, no sea que nos quiten la buena novia que es más fea pero nos quiere, y los amigos de verdad y, oye, unas risas.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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