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··········En principio, es un documental sobre un viaje. O bien es una narración sobre en qué consiste viajar. O, en realidad, es un chute en vena de una cierta forma de vitalidad y optimismo que carece de toda ñoñería y que esquiva de una manera natural el tonillo de autoayuda de esos buscadores de queso.

··········Se trata de la narración de un viaje, hasta las precisas antípodas, de un muchacho de Barcelona que lleva desde los 15 años viajando por gusto, normalmente sólo y sin o con muy poco dinero. De manera que vive de la gente que se encuentra y decide ayudarle (transporte, comida, alojamiento), de sus escasos requerimientos vitales y de su suficiente arte para proveer esas necesidades incluso cuando no encuentra quien se las facilite.

··········Por cierto, el tipo, Albert, es un retrón y se desplaza en silla de ruedas. La peli, como él mismo, esquiva la importancia de este hecho o, más bien, le da el peso que corresponde: una circunstancia.

··········La peli me parece muy bien realizada. Mezcla tres materiales: entrevistas a sus familiares que ayudan a entender cómo ha sido su educación y cómo es su actitud vital, grabaciones antiguas de momentos de su infancia y grabaciones del viaje. Pero, como es natural, no puede llevar una cámara sofisticada alguien que está viviendo de la buena voluntad de gente que no tiene acceso a un bien así, aparte de que multitud de momentos no pueden ser filmados, por motivos legales. Lo que se hace aquí es que, en este viaje, en el que le acompaña su novia, sí hay una cámara manual, que filma de vez en cuando –no mucho del metraje total de la peli- y esto se complementa con lo filmado por los documentalistas al principio y al final del camino. Pues bien, la mezcla de estas tres fuentes me parece muy equilibrada. Es una de esas pelis en que uno se imagina el placer, pero también el ingente trabajo, de los montadores, encontrando las relaciones que crean una narración armónica.

··········El Albert, además, es un encantador de serpientes. Se podría uno pasar tiempo y tiempo oyéndole; sin embargo (luego os pongo unos enlaces para que le veáis entrevistado) actúa como si no controlara la charla, como si entrara amigablemente en las cuestiones que le plantean los demás. No os dejéis engañar, que siempre sabe lo que está diciendo.

··········Bastaría el Albert, pero la peli tiene además momentos visualmente atractivos; tiene otros intervinientes, especialmente el padre, muy interesantes; tiene abundante sentido del humor (la inopinada utilidad del DNI para un joven catalán: hacer bocadillos de nutella; el número de universos paralelos para un niño de ocho años); y aún más sentido común, sobre el miedo (¿se ha de temer más a quien tiene mal aspecto por la calle que a la gente de corbata que al final es la que te va a hacer las grandes canalladas de tu vida?), sobre la felicidad, sobre el respeto a los deseos ajenos.

··········Os confieso (es fácil confesar cosas aquí, que no viene casi nadie) que, cuando algo o alguien me provoca este tipo de subidones, intento restablecer la suficiente distancia y, en este caso, por ejemplo, intento adoptar una postura que atienda a la realidad social; esto es, en este caso, hasta qué punto no se trata de un juego adolescente, de algo que se puede hacer porque hay un respaldo familiar, etc. Pensaba argumentar, incluso, con el mensaje del habitante de la casa del otro lado del mundo (un neozelandés que, de puro nativo, llama neozelandeses a los otros, los blancos): cada día que amanece ofrece la oportunidad de ser creativo; ¿crea Albert?, ¿sustenta a alguien? Luego me doy cuenta de la tremenda estupidez que estoy diciendo y, en justo castigo, no borro este párrafo ominoso.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity. Por si no veis la peli, aq tenéis algunos vídeos de intervenciones en televisión.

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