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··········Por un error de interpretación mío, cuando creo ir a ver una reposición de “Alemania en otoño” me encuentro con una conferencia y coloquio sobre Fassbinder, en la que se incluye la proyección de su corto dentro de esa película colectiva.

··········El acto es de un nivel bajísimo. El conferenciante, Óscar Peyrou, en seguida, con una excusa banal, se refugia en leer sus cuartillas, pero lamentablemente, tampoco debe entender muy bien su letra, porque a menudo tiene que repetir las frases cambiando la entonación. Sería disculpable si dijera algo interesante, pero lo que lee no va mucho más allá de una colección desordenada de datos de la wikipedia.

··········Tampoco es capaz de hacer del coloquio posterior algo interesante: se retrepa en la silla y escucha con desinterés. De todos modos, mi asombro viene de que para el público lo importante es lo excesivo, maleducado, insolidario, … (falta decir feo) que se presenta a sí mismo Fassbinder en el corto. Nadie parece ver una creación artística, con un sentido.

··········Sin embargo, lo que ha grabado R. W. F. es por un lado una conversación con su madre, en la que él la acosa en sus contradicciones hasta hacerle confesar (en esos días alemanes con la R.A.F. secuestrando aviones, y militantes suyos muriendo en la cárcel en circunstancias rarísimas, véanse por ejemplo) que lo que quiere es un buen dictador. Y, a la vez que, como intelectual alemán de los setenta se esfuerza en desvelar la ausencia de verdaderas convicciones democráticas de la generación anterior, educada en el III Reich, se muestra a sí mismo, como personaje de esa escuela crítica, haciendo ver cómo la postura de resistencia intelectual, que no puede criticar a la Baader-Meinhof sin mirar también al Estado, no deja de estar atravesada de contradicciones. Leer la película, como pretende el conferenciante –y parte del público- como un mero ejercicio narcisista de épater la burgueoisie me parece desposeerla de todo interés: yo veo a un Fassbinder personaje que, consciente de la postura que debe tomar en una situación como esa, está sin embargo atacado, asustado, bloqueado y llevado hasta la paranoia, en la que basta una sirena policial para perder todo concepto de la solidaridad con el vagabundo. Y a un Fassbinder director que, desvergonzadamente, sí, me lo cuenta.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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