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··········Dentro de la cada vez más variada carrera de Zhang Yimou, toca peli patriótica. Sin matices: no hay un solo japonés que no sea intrínsecamente malo (si uno lo parece, nos desengañará), ni un solo chino que sea mala gente (si sale un colaboracionista, se le redime). Tampoco, por lo que va uno sabiendo, la masacre de Nanjing es de las que admiten muchos matices, pero bueno, queda dicho.

··········Es inevitable recordar que hace pocos años se estrenó en Donosti “Nanjing! Nanjing!” sobre el mismo tema y que, para mí, resultaba más limpiamente emocionante que ésta. Otra referencia inevitable es que el actor del papel principal occidental de ésta de ahora es el niño protagonista de la magnífica (o de magnífico recuerdo) “El imperio del sol” de Spielberg. Esta segunda referencia es triste, porque Bale, como intérprete y como papel es lo peor de estas flores bélicas. Un personaje absurdo (¿un borrachín yanqui maquillador-enterrador en China en plena guerra y que sale a trabajar en pleno bombardeo?) que es sobre quien debe ir pivotando el cambio de todos los demás, con una progresiva asunción de la solidaridad en medio del desastre y la barbarie. El tipo, que pasa media hora con gestos de telecomedia, hace difícil tomarle luego en serio. La peli, que es larga, ha tenido además otra media hora en que el protagonista es un más lineal –pero asumible como héroe- soldado chino, hábil como un genuino macgiver, pero no se trata de realismo.

··········Es una pena, porque la historia (siendo como decía una soflama patriótica) tiene elementos muy interesantes: la coincidencia en un mismo refugio de dos docenas de mujeres muy diferentes, unas treintañeras prostitutas de lujo y unas muchachitas estudiantes de colegio religioso. Aparte de cómo el azar va otorgando a unas, a otras o al yanqui, circunstancias que pueden ser salvoconductos –ora personales, ora colectivos- en una situación terrible. Pero con esos buenos elementos, la manera en la que avanza la trama es cutre y mil veces vista; por ejemplo el gatito que se escapa y hace que se descubra a una chica o la sonrojante historia de cómo el yanqui se convirtió en maquillador de cadáveres (que, por cierto, profesional, si te pasas una noche construyendo una peluca para hacer pasar a un chavalito por niña, hombre, tío, ¡aféitale el bozo!).

··········En cuanto a las formas, sin embargo, me parece atractiva. Más aún por comparación con el último pastelito de este hombre que se estrenó en mi ciudad. Por una parte, la filmación de las escenas de guerra y sus sonidos (lamentablemente, los sonidos seguirán después, inopinadamente en una ciudad ya conquistada). Pero también y sobre todo (aunque sólo en momentos concretos), un tratamiento emotivo del color, usando las vidrieras multicolores de la catedral y sus contrastes, sea con la oscuridad azul-grisácea del interior, sea con la explosión de papelitos volantes chinos.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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