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Dentro del ciclo “El documental del mes” proyectan esta película los jueves de Febrero en un solo cine.

Se trata de un documental que nos cuenta cómo entiende y vive su vida un hombre sordo-ciego casado con una mujer que parece tener una especie de acondroplasia. Todo es lento en esta peli porque la percepción de él es básicamente táctil, lo que supone un ritmo mucho más lento en la comunicación, el movimiento, la expresión, la comprensión. Ritmo al que se adapta la narración, un ritmo de astronauta, dice él.

Se habla del amor y la dependencia, de la soledad, de la influencia que tiene en la autopercepción lo que ven los demás de nosotros. Se habla del tacto y la sensibilidad, de las cosas que se dan por hechas en la vida cotidiana y que sólo eres capaz de detectar cuando te faltan, de que no hay una única manera de percibir la realidad.

Lo más interesante para mí es el lenguaje inventado que utiliza esta pareja (y el grupo de amigos) para comunicarse, a través de golpecitos de los dedos de ella sobre los dedos de él, una especie de morse táctil. Y que no sólo consiste en letras, sino que a través de él se comunican conceptos, ideas, lo que me parece fascinante. Ella entiende que debe mostrarle no sólo la palabra, sino también la forma, la dimensión del objeto; que debe darle constantemente una referencia física de dónde está haciéndole tocar la pared. Sólo el momento de la cena, en el que ella le va contando en golpecitos dónde está cada plato y lo que contiene, me parece increible.

El otro tema interesante para mí es el de la codependencia, cómo él depende de ella, y ella a su vez parece depender de la dependencia de él. Y eso es algo que se dan cuenta que deben trabajarse, especialmente ella, para lo que realiza ejercicios de desapego, de buscar su autonomía y permitir la poca que él pueda tener, de no basar su existencia en ser necesaria para él.

A mí todo esto me parece interesantísimo, aunque también es verdad que me interesaba tanto el tema que acaba decepcionándome un poco de tanto que esperaba: cosas en las que no se profundiza o faltan, el que ella (y no sólo él) cuente cómo ve las cosas desde su lado, el saber algo de la familia de él, lo que se plantean como pareja en la que una de las partes depende profundamente de la otra. Eso que fue lo que más me gustó de “Bicicleta, cuchara, manzana”.

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