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··········A mí este Shakespeare me parece mucho más confuso y, seguramente por eso, menos vibrante que los más conocidos. La complejidad de las sucesivas posturas de los personajes no se corresponde con facilidad con una evolución que nos resulte humanamente cercana. De hecho, hablando de la peli, creo que ése es el principal defecto que arrastra: pese a mezclar dos estilos narrativos muy diferentes, cuando se pone shakesperiana (y no sé si se debe a una excesiva fidelidad a los diálogos que sobreviven después de la poda necesaria para pasar al cine) resulta confusa. Los ejemplos más obvios están en la larga escena en que madre, esposa e hijo del héroe le suplican que salve Roma, en la cual, más que transmitir las dudas de los personajes parece contarse un ataque general de bipolaridad de los cuatro; y el otro es la incorporación de Coriolano a las tropas de Aufidio (¿os he estropeado la trama?), donde éste pasa de ser enemigo a hermano y de ahí a una extraña relación de sumisión… en apenas unas frases y sin más contexto que el propio diálogo, casi monólogo, del proteico.

··········Pero lo que me parece más valioso de esta peli es la arriesgada opción de usar el entrelazado de dos materiales muy diferentes. A ver si me explico: no hay dos historias narrándose juntas, sino que, en el desarrollo cronológico de la única, tan pronto estamos en la teatralidad de los diálogos del bardo, como en el uso de la acción (muy bien filmada la militar), los movimientos de masas, el uso de espacios y, sobre todo, la modernidad. El juego de representar la historia, a ratos, con elementos absolutamente modernos me parece original, entretenido y productivo: elementos como una manifestación y su disolución por los antidisturbios o el trasvase del contacto con el pueblo desde un mercado a un plató de los formatos más cutres de la televisión. Tampoco es que la peli aproveche mucho estas maneras para hablar, usando la obra teatral, de la actualidad; es más bien una opción de estilo, porque resulta superficial en esos y otros elementos modernos (como la destrucción urbana, la guerra insertada entre los civiles).

··········A veces, cuando uno lee (o, ¡ay!, escribe) que una peli es muy teatral, suele referirse a que hay poco movimiento, pocos espacios y mucho diálogo enunciado para la cámara. Esta peli me parece teatral en otro sentido, mucho mejor: la complicidad con el espectador que conlleva el teatro. Justo ayer, en La 2 (una cadena de televisión española) lo comentaban Marías y Chávarri hablando de “El desencanto”: en el teatro, si alguien se corta las venas, basta atar una cinta roja a su muñeca para que el público perciba el suicidio, porque ése es el pacto. Aquí hay momentos en que el realismo que cabe esperar del despliegue de producción, de movimiento de tropas y masas, se transmuta de pronto en que cuatro personas en una carretera son el trasunto de dos ejércitos, o en que la plebe que es manipulada por sus dos Tribunos la compone una treintena de personas.

··········Es curioso cómo hemos ido transmutando nuestra iconografía de la guerra desde VietNam a los Balcanes. Aquí se conserva algún homenaje a la primera (ese cogote tatuado del coronel Kurtz-elhorror-elhorror), pero todo nos lleva a esas guerras salvajes que organizaron para destruir Yugoslavia. Creo que no es sólo una cuestión de (co)producción. Ciertamente se rueda en Serbia (hasta el material militar no es impostado sino propio de ese ejército), pero creo que a propósito (incluso en la imágenes romanas) se llama a las que tenemos alojadas en la retina de las guerras de los noventa, tan cercanas geográficamente, como la generación anterior tenía grabadas las imágenes de prensa de la selva indochina.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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