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··········Me cuesta encontrar algo malo que decir de esta peli para compensar. Quizás precisamente una de las cosas que más me gustan en ella contiene a la vez algo un poco problemático: la mezcla del realismo de la historia con la irrealidad de algunos de los sucesos, puede dar algún momento si no de confusión sí de desorden de tiempo y lugar, con idas y venidas y elasticidad en el trascurso de los sucesos. En todo caso, es lógico: la narración, tanto en lo visual como en lo verbal le corresponde a una niña de seis años, así que somos nosotros quienes tenemos que abrirnos de entendederas para comprenderla… hasta donde se puede.

··········Como decía, la peli cuenta con intención realista (pero no con tesis, ni etnográfica ni turísticamente) la vida de gente que, viviendo en el delta de la desembocadura del Mississippi, al otro lado de los diques protectores de las ciudades, están expuestos a las fuerzas de la naturaleza salvaje del mar y los tornados, a la vez que al empeoramiento de éstas por causa principalmente de quienes sí viven protegidos por los muros. Tiene por tanto esa lectura simbólica, en la que me parece destacable, porque también se ve a veces en la lucha de clases, una especie de resiliencia que es a la vez orgullosa (somos los pobres, los de este lado del dique, los que no tenemos miedo), pero que no puede evitar que, llegado el punto en que la sal marina mate los campos y animales, romper el dique y aliviar repartiendo el problema sea al menos una opción.

··········Pero no es lo que más le interesa a la película: importa más la relación de una niña con su padre, con su comunidad y con su entorno. Esto es, un proceso de socialización (que incluye una madre mentalmente construida). Una relación a la que no estamos acostumbrados, exenta de la demostración cotidiana de cariño, pero muy potente en lo más básico de la crianza: protección y enseñanza –fiera- de la autonomía necesaria para sobrevivir.

··········Habla, pues, de cosas que me interesan. Pero, ¡cómo! Por un lado, la niña carece de esa guapura encantadora de los protagonistas infantiles habituales. Y sin embargo, una mirada potente (no de ojos bien maquillados de estudio, sino con naturalidad) y sobre todo una manera de moverse, de coger, ir, comer, hacer, llena de una energía inagotable y que a la vez no destruye nuestra percepción de su vulnerabilidad. Una chavalita que es el vehículo perfecto para que todos los elementos de irrealidad mágica de la peli no parezcan construcciones de narrador fantástico, sino simples percepciones infantiles, capaces de hacer que el ruido de un trueno sea el de los glaciares al romperse, o que los cerdos más domésticos sean a la vez los uros redivivos.

··········La cámara, muy móvil (aquí quien nos lleva es una criatura imparable), tan pronto es amplia para mirar el entorno, como muy cercana y prescindiendo de encuadres ortodoxos cuando debe contar sentimientos. Y una música hermosa.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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