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··········Eficaz película de miedo que va cambiando de elemento pavorógeno (toma ya palabro) conforme avanza: del miedo propio de la guerra, a las heridas en campaña sin verdadera asistencia médica, a la falta de visibilidad (neblina, noche sin luz eléctrica), al enemigo armado, a los elementos mágicos, al grupo y su locura y hasta a la propia persona y su locura. Un viaje bien ordenado de unos miedos a otros.

··········Aunque no abuse de ellos, y no sea por tanto una película tópica de género, están los elementos que permiten el entretenimiento adrenalínico, con sus ruidos repentinos, su mala iluminación, sus sorpresas al otro lado de una esquina o un muro. Pero el verdadero valor de la peli, como historia de miedo y como historia comprometida es el progresivo giro hacia el miedo quizás menos primigenio pero socialmente más comprensible: el que hemos de tener a nosotros mismos una vez que se quiebran los órdenes morales. Esta partida de soldados lleva en sí el virus, pero no el de la peste a la manera que piensa el indio, sino el de su propia condición de cierta manera de ser soldados.

··········Hay alguna cosa que no me parece conseguida. La representación visual para el espectador del espacio de la acción no es muy clara, y hay momentos en que resulta importante situarse en dónde está cada quién y a qué distancia. También está quizás poco medido el tiempo necesario para que identifiquemos con claridad a los personajes (que sólo van despejándose de la parafernalia del uniforme conforme avanza la peli). Esto pivota sobre la parte central de la peli, donde hay algún momento confuso y donde el ritmo flojea.

··········Pero en conjunto me parece que funciona muy bien, que está bien interpretada (dentro de que casi todos los personajes no sean de gran desarrollo), iluminada y resuelta en las escenas de acción. Y me parece más valiosa por lo que cuenta, por las consecuencias arriesgadas de la degradación moral y el funcionamiento de la moral de grupo por encima de las reglas esenciales, un poco como ves actuar a los sindicatos de policía en este país, como si fuera una consecuencia necesaria de las profesiones expuestas a la violencia y sus peligros.

··········Se ha optado por proyectarla subtitulada en el castellano de España. No es mala idea, aunque dentro de las películas colombianas que han llegado por aquí ésta no es ni de lejos de las que más lo necesitarían. Las palabras que nos son ajenas son prácticamente todas interjecciones, insultos y vocativos. Curiosa la asunción por el ejército colombiano de la pronunciación yanqui para el oficio de sargento. O no tan curioso, claro.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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