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··········Pese a que puedan parecer más antinaturales, yo prefiero los musicales en los que, de pronto, los personajes se ponen a cantar a aquellos otros, como esta peli, en que se canta todo. Ese prurito de que todo ha de estar entonado, da lugar a bastantes fraseos absurdos, porque no hay continuidad (ni por tanto asomo de rima) de manera que ni son esos momentos verdaderamente canciones ni habla natural.

··········Dentro de eso, a mí me gustan muchas de las melodías. Bueno, hay una recurrente, pero muy bien aprovechada y que no se me hace cansina; aunque a mí me gustan más los cantos de masas, que yo soy más tabernario.

··········Pero en lo que se refiere a la narración, queda bastante deshilachada. Al sujetarse a reforzar los momentos más fácilmente cantables, hay falta de diálogos explicativos a veces y excesos repetitivos en otras, saltos en la acción. Yo no creo que eso se deba solamente a embutir en dos horas y media una novela río como es la de Hugo, sino a lo que digo de darle prioridad a la colección de momentos musicales sobre la narración.

··········También me sorprende un poco que –sobre todo en grandes escenas de masas o planos generales urbanos o de paisajes- se hagan tomas enfáticas, vistosas que duran poquísimos segundos por un montaje nervioso, que desaprovecha tomas aéreas, o rasantes. De todos modos, pese a eso, yo disfruto de escenas como la inicial en el astillero y otras similares como el pasillo de los apestados, el taller de costura, el atasco de las diligencias y, claro, las de la barricada.

··········Y un conservadurismo que estoy seguro que no está a ese nivel en Victor Hugo y con un final que recuerda a ese aciago de “Las trece rosas”. El personaje del Romeo, una vez superviviente a la revuelta ha perdido todos los motivos para ésta y se pasea tan tranquilo por su propia boda entre oros y oropeles. Está enamorado, eso sí. Ésa es la principal enseñanza de la película: la revuelta, la revolución no es sino un ejercicio estético (rojo, ponedme aquí más tela roja) que sirve para glorificar a los jóvenes varones en su etapa de ritos de emparejamiento. Es decir, lo mismo podría ser la Comuna de París que la temporada heroica de un equipo de fútbol americano. Que quede claro, pues, que lo que importa es volverse a Dios en el momento final, un poco como diciendo “ahora vamos a lo serio, que esto de lo social es una forma como otra cualquiera de ocupar el tiempo y hacer estampas molonas”.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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