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··········Aparte de contar una experiencia personal, la peli plantea dos temas que me parecen interesantes en el mundo de los que empuñan las armas frente a la violencia del sistema. Por una parte, la decisión de Montoneros de renviar a la Argentina a parte de su militancia exiliada, con el fin de luchar desde el interior; también lo hizo el MIR chileno en su momento. La exposición personal y de los miembros de la familia al alto nivel de riesgo es una cuestión moral muy grave, no especialmente fácil: ¿tiene más derecho a proteger a los suyos quien consiguió llegar a Cuba que quien se quedó en el país?, ¿es más legítimo dejar a los niños separados de sus padres? Se trata de una exposición elegida, no como la de “Kamchatka” o “El balancín de Iván”.

··········El otro dilema es más genérico, el que representaba la famosa frase de Goldman (“Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”). La intensidad de la militancia, la entrega a un militarismo formal, a una seguridad obsesiva, a un pensamiento orientado al éxito colectivo a costa de cualquier sacrificio individual (a lo que es tan fácil oponerse, si uno olvida cuánto han logrado quienes actuaron así en algún momento de la historia), ¿puede mantenerse en cada momento? La vida nueva que se quiere, ¿no debe alegrar durante la lucha presente?, ¿es buen combatiente el que no sabe disfrutar? En fin, parecen temas antiguos pero, quién sabe hasta que punto no serán pronto actuales en esta Europa podrida de los mercaderes y banqueros.

··········Por lo demás, una agradable y tiernita historia de crecimiento. Puede ser quizás algo tópica en algún momento, pero en general me parece bien contada, aunque quizás cortocircuite el crecimiento afectivo del protagonista y su crecimiento en la comprensión de la realidad social y familiar. Los actores son de la edad de sus personajes, lo que no pasa siempre y es especialmente importante al contar un enamoramiento como éste que es anterior a un deseo sexual reconocible como tal (muy bien contada la coincidencia durante unos meses en la vida de los chicos del placer de la micción y la intensidad afectiva que produce el contacto físico –antes se ha usado también el contacto de la otra orina, la del miedo, con la sangre-).

··········La forma de eludir las escenas más violentas mediante el recurso al cómic me parece eficiente, bien vinculada a través del sonido. Luego está la manía de la cámara temblona, coherente en muchos momentos con la acción (la visión es la del niño y éste huye, se esconde, espía…) pero no en otros, en los que se carga la potencia visual de algunas escenas (en el coche abandonado en el bosque, o en la sala de los espejos del parque de atracciones). Hablo de tomas estáticas, ¿tan caro es un trípode?

··········También me parece que acabaría mejor diez minutos antes, pero no estoy muy seguro. En todo caso, una peli emotiva, ni muy novedosa ni muy profunda, pero nada banal.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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