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Una vez más, lo más interesante del Lesgai son los documentales.

Antes de éste se proyecta un corto de animación “Cuerpo”, sencillito sin más, la transexualidad como encierro en un cuerpo equivocado contado con trazos que hacen figuras y las deshacen en el mismo movimiento.

Y el documental, muy largo, excesivo en lo que trata de abarcar, pero muy interesante también. Muestra las historias de diferentes personas de diversas edades, condiciones sociales y económicas, religiones, pero todas norteamericanas, mezcladas con testimonios de las mismas y de sus familiares.

Entre las historias que más me llaman la atención, la de un niño de tres años que manifiesta ser una niña (en casa, en el cole, en la familia) y al que sus padres creen un malcriado por lo que ellos llaman rabietas (la niña se corta a sí misma, se da golpes contra las paredes, corta toda su ropa con unas tijeras) hasta que amenaza con cortarse el pito y los padres por fin lo pillan. Me asombra esa insistencia generalizada, pero en este caso del padre, en que la transexualidad (y es extensible a la homosexualidad) no es elegida, y eso es lo que permite que pueda ser acogida, tolerada, en realidad perdonada. Otra versión de lo de odia el pecado y ama al pecador. ¿Y si fuera escogida?

Otra historia interesante es la un trans masculino que debe negociar con su novia lesbiana su transición. Se habla mucho en este caso de la importancia de internet para la gente que cree ser única en el mundo, personas que piensan que a nadie más le pasa lo que les pasa a ellas, y encuentran en internet una comunidad y una información a la que antes no habrían tenido acceso. Este tema saldrá en varios documentales del festival este año: internet como salvación de gais, lesbianas y trans en contextos de aislamiento. Pienso en el contraste con la película “Medianeras”, que acabo de ver, en la que parece que internet es lo que aísla. ¿Rescata al “anormal” y aísla al “normal”?.

Una última historia curiosa es la de un hombretón, jefe del equipo de baloncesto, el más guapo y el más machote, marine de los E.E.U.U, que a los 28 años cambia de sexo diciendo que ya ha sido el mejor hombre que podía ser y ahora quiere ser lo que es, la mejor mujer. Estudia medicina, se hace cirujana especialista en cambios de sexo y monta una clínica donde se atiende todo lo que rodea a un proceso de “transformación”. Antes de operarse congela su semen, por lo que años después, cuando se enamora de una mujer (que además es hetero hasta que la conoce a ella), tienen gemelos por inseminación y se las reconoce a ambas como madres biológicas.

Los temas que rondan todas las historias son los de identidad y orientación sexual, la aceptación o no de las familias, lo que pierde un trans en su transformación y lo que gana, la altísima tasa de suicidios de transexuales (sobre todo adolescentes), y lo más interesante para mí, las consecuencias que tiene ser trans en el trabajo, en el médico, en la calle, en la burocracia, en las relaciones, en la vida diaria.

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