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Otra vez dos documentales bajo una misma categoría, LesGaiDocuEspaña.

En el primero, diferentes familias (se refieren a pareja con hijos) homosexuales  de diferentes países comentan en qué afecta a sus vidas cotidianas el ser o no reconocidas oficialmente como familias. Se habla de las diferentes legislaciones de los países (europeos) al respecto y de las consecuencias de ese no reconocimiento. Así, una pareja suiza de mujeres cuenta cómo en su país se les permite casarse pero se les obliga para ello a firmar un documento donde renuncian a adoptar o inseminarse. Una pareja de mujeres griegas con dos hijos (cada uno parido por una de ellas) hablan de una discriminación mucho más cotidiana: si en el pueblo, el cole de sus hijos, el vecindario, se sabe que son pareja, se arriesgan a ser apalizadas sin que eso suponga un escándalo. De hecho, se han mudado ya varias veces de residencia por este motivo. Una pareja de hombres catalanes con dos hijos comentan cómo para adoptarles tuvieron que hacerlo como hombres solteros cada uno por su lado. Y uno de ellos cuenta cómo adoptar al mayor, un niño con síndrome de Down, fue mucho más fácil que a la pequeña: el interés del menor cambia según si tiene alguna discapacidad, enfermedad o problema. En la pareja andaluza, con una hija adolescente, el hombre es transexual y se “transforma” en mujer, lo que les sumerge en una serie de trámites burocráticos interminables respecto a la paternidad de la niña.

Por hacer una crítica, diría que en este documental parecen dar a entender que la única lucha por la igualdad en cuanto a género, sexo, orientación, etc. pasa por legislar (y además sólo en cuanto a familia): la desigualdad y la discriminación son consecuencia únicamente de la falta de derechos, de la falta de legislación a este respecto. Yo no lo creo.

El segundo documental, “Colorful Beijing”, me recuerda a “Children of Srikandi”: con lo que podría haber dado de sí, qué poco se cuenta. Larguísimo, aburrido, pesado, se limita a ser una especie de folleto informativo de las actividades de las asociaciones oficiales LGTB en Pekín. El único detalle interesante para mí es la valoración general que hacen los entrevistados (mayoritariamente hombres) de que las revistas para homosexuales ofrecen mucha más privacidad para ellos que internet: meter tus datos y sobre todo tus preferencias sexuales en internet, o que alguien pueda ver detrás de tí lo que hay en tu pantalla, te hace mucho más vulnerable a ataques de todo tipo que comprar una revista física.

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