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··········Es inevitable recordar la última que vimos de Polanski, en tanto que juego teatral de unos pocos personajes, en un único ambiente (o casi), cuyas actitudes y formas de interrelacionarse van cambiando (¿degradándose o desnudándose?) conforme avanza la velada.

··········Pero a la francesa. Si en aquélla el fondo que importaba era la educación entendida como modales y normas, aquí es la educación entendida como juego verbal y cultural. Ahora bien, en ambas se desata, mediante la verbalidad más que por ningún hecho cierto, el cambio de actitudes y la puesta a la luz de tendencias profundas en las relaciones de los protagonistas.

··········Como ése es el juego, me parecen disculpables excesos que en una historia más realista chirriarían. Ya desde el primer elemento provocador (la reacción ante el nombre en sí) a la histeria por las relaciones de una anciana viuda, pasando por las torpezas en el trato. También resulta difícilmente sostenible el personaje del profesor universitario, tan difícilmente soportable, como alguien emparejado y con amigos.

··········Es, en fin, sobre todo divertida. Y no banal, en el sentido de que las cosas que emergen (de las relaciones de pareja, del proceso de etiquetado sexual, de la incapacidad de comprender que las personas son más de lo que son para nosotros –como una madre-) tienen enjundia. Así que todo lo que tiene de excesivo, me parece muy disculpable. Al humor verboso de la conversación entre los cinco personajes, hay que añadir el de la presentación inicial y de algún otro inserto (herencias de Amélie Poulaine).

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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