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··········El guionista de esta peli fue el director de otra, más documental que ésta, sobre un momento en la vida interna de ETA un poco previo al que cuenta la de ahora. Si aquí se empieza con la decisión de los poli-milis de dejar la lucha armada, la anterior era una investigación sobre cómo fue posiblemente el asesinato y la desaparición de Moreno Bergareche, Pertur. Como en aquélla, no se esquiva la cuestión de que hablamos de personas que deciden, en un momento dado, matar (igual que después decidirán dejar de hacerlo).

··········Me parece que el tema es interesante y que la película sabe contar una crisis moral curiosamente a partir del momento en que se ha acabado la lucha armada (en el País Vasco) por parte del protagonista. También cómo hay dos hechos, habituales en organizaciones armadas, que son a menudo las grietas de quiebra que dan lugar a su disolución o transformación posterior (“en estos procesos, el primero es siempre un traidor; y el último un gilipollas”): las bajas colaterales, muertos que son asesinados sin formar parte del enemigo, por motivos de seguridad o de ineficiencia; y las bajas autoinfligidas por la organización a quienes considera traidores y, por tanto, más peligrosos casi que el enemigo.

··········También me parece de interés el concepto de militancia revolucionaria, la consideración como global, mundial, de un combate, que se presenta aquí sin el romanticismo del héroe que exporta la revolución. Recuerda a los republicanos españoles en Francia, en Rusia, al Ché en África o Bolivia, a los brigadistas internacionales… Sólo que aquí el internacionalismo contrasta con el hecho de que ideológicamente el nacionalismo es crucial en los militantes de que aquí se habla.

··········La peli en sí me parece competente, aunque con algunos defectos importantes: la voluntad de contar una serie excesiva de sucesos le da una sensación de alargada (que no es cierto en cuanto a minutaje) y dispersa en el tiempo. Quizás también por eso resulta un tanto fría o desordenada: los sentimientos de la pareja acaban pareciendo un subeybaja, y las situaciones más militares, más de tensión, se intensifican y se rebajan una y otra vez, sin una progresión. El recurso a la voz en off me parece arriesgado, aunque es cierto que puede ser pedagógico y facilitar la comprensión de la crisis personal del prota, pero supone no confiar en el intérprete y en los diálogos.

··········Y una buena broma: en algún lugar de centroamérica, una vasca reconoce enseguida que aquel tipo es también vasco, y se lo explica: a un vasco se le reconoce porque cuando ve a una mujer, la mira como quien ha visto a la policía. A una mujer vasca, se entiende.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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