Etiquetas

··········Una tontada sin mayor interés, con suficiente dinero detrás como para dejarse ver sin aburrir demasiado, pero poco más.

··········Creo recordar que hubo en tiempos en la televisión francesa un programa que, para fomentar la asistencia al cine, emitía los siete primeros minutos de todas las pelis (de las francesas, supongo) que se estrenaban. Si se hiciera con ésta, perdería dinero en taquilla. Un paisaje feroz, hermoso, con una luz tremenda… para que salga un tipo más feo que dirigir un banco, culturista, que está ahí para tomarse un cóctel que, vaya por dios, le descompone. Literalmente.

··········En fin, eso no tiene mayor importancia. Para mí lo peor es (¡oh!, ¡sí!, ¡lo diré!) que carece de toda mitopoiética. Precisamente una peli que toma el nombre de un mito griego, es incapaz de elaborar nada que no sea confuso o banal como filosofía en el primer año de secundaria (¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, y como lo siguiera Woody Allen). Tampoco importa (aunque, vaya, Nostromo tiene al menos una carga connotante; y alguna otra carga, que ahora no recuerdo). Pero es que las buenas pelis de ficción científica, o de fantasía, o incluso de aventuras, son las ideales para construir mitos modernos, fragmentos de narración que cuentan algo comprensible, que atañe al relato, pero que significan algo también fuera de él, aplicado a nuestra vida cotidiana (el test de detección de nexus, la araña de Spiderman –perdón, espaiderman-, la pastilla roja o la pastilla azul, o el capitalismo quiere su dinero y la tripulación para obtenerlo es prescindible). Aquí no hay nada de ese tenor.

··········Bueno, no es obligatorio, pero, si no se quiere acabar filmando sólo persecuciones de coches, tiros y bichos, debería haber al menos un claro juego de personajes, con diferentes intereses. Confieso que no acabo de entender lo que quiere la empresa (porque su jefe sí, pero cómo este tonto ha ascendido desde vender periódicos a capitoste), ni su robótica representante. Por no hablar de una nave con tres jefes. Un capitán que, parece, sólo dirige la navegación, pero cuando no le bullen los testículos. Una científica politoxicómana que, ante el hecho –que yo no considero banal- de haber contactado con vida extraterrestre y estar en una situación al menos grave, recuerda de pronto su reloj biológico y se pone a llorar. Otro que ya podía lavarse los ojos, que vaya fauna, y cuya aportación al relato es gritar woooow cuando descubre una cúpula más grande que la biblioteca de su high school. Por no hablar de un (peri)patético geólogo asmático histérico (vaya, esdrújulo), con unos diálogos de chulito de taberna cuando se le acaba el dinero.

··········Semejante tropa, ahora ya no nos extrañamos de nada, es incapaz de portarse como si estuviera en una misión científica, o económica, o lo que sea, y deambula con comodidad en cualquier ambiente, se saca el casco cuando mejora la contaminación, conduce vehículos como en las calles de San Francisco, asiste a la corporeización de hologramas con la tranquilidad de quien está acostumbrado a ver Telecinco, etcétera. A la postre, se dedica a lo que seguramente decía la sinopsis del guión (“van muriendo uno a uno”).

··········Peli de ficción cientifica, al fin y al cabo, uno siempre disfruta de los inventos que se muestran. Aquí destacan una máquina que sería el sueño de los neoliberales que nos gobiernan: cirugía sin tener que tener médicos, enfermeras ni nada (y que protagoniza el mejor golpe de la película: no practica cesáreas porque es para chicos). Y los puppies mapeadores que, aviso, los quiero, los deseo, los necesito.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

Anuncios