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··········Sensación ambivalente la que me produce esta película, a la manera más ortodoxa: una cara el fondo, otra cara las formas. La trama no consigue interesarme; no ya por lo que tiene de romanticismo, es decir, de ese entreverado de gente muy egoísta y gente muy tonta, por muy barroco que sea, sino porque hay una especie de desinterés en construir la historia más allá de los sentimientos de dos de sus protagonistas. Supongo que en parte es un efecto típico de estar contando un libro muy conocido y leído, pero también hay una especie de orgullo en plantear inverosimilitudes (como que un religioso padre de familia prácticamente meta en la cama de su hija de trece años a un chico de catorce), en espesar silencios en medio de conversaciones, o en dar por bueno que un chaval se pase en esas circunstancias el día vagueando (o vagando) y que sea un drama que deba trabajar un poquillo. Lo mismo en la segunda parte, aunque allí todo está más explicado (esto es, considerado correctamente inexplicable) por causa de la arrebatadora pasión.

··········Pero la verdad es que paso las más de dos horas razonablemente absorbido, por unas maneras poéticas, cargadas de emociones en sí, más allá de lo que suceda. Un formato de proyección extraño, muy reducido (y a veces aún más por encuadres esquinados); una cámara en mano continua, aquí sí, plenamente operativa para la historia, en la que es una subjetividad que se mueve –a veces siendo, a veces persiguiendo al personaje-; un tratamiento del sonido impresionante, con respiraciones, jadeos, tormentas, viento, ramas, agua, aleteo de polillas y hasta batir de corazón, sin que en ningún momento parezca un pastiche de estudio. Una luz hermosa, que no se limita a esquivar el sol para hablar de la borrasca, sino que le deja brillar… pisado por otros elementos de la naturaleza, quizás menos poderosos en teoría (como el amor es menos poderoso que la vida) pero arrebatadores y dominantes por su cercanía a los humanos. Unos encuadres que saben dejar espacio a la naturaleza dominante, pero también mirar los detalles de forma aislada, una textura, unos dedos, …, sin necesidad de que tengan una carga argumental.

··········Además, la primera mitad de la historia, tiene muchos momentos de delicadeza y hermosura que, eso sí, se abandonan en la segunda mitad en beneficio, supongo, de una empatía por los apasionados románticos que a mí no me funciona.

··········Como diría De Quincey, se empieza con la necrofilia, se pasa por romper la vajilla y al final llega uno al extremo de entrar en casa de alguien sin llamar a la puerta.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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