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Antes del último cierre de El Bulli, su forma de funcionamiento era seis meses como restaurante, seis meses cerrado para dedicarse a la investigación y elaboración de los 35 platos que formarán parte del menú en la próxima apertura.

Este documental empieza con El Bulli cerrando para empezar los seis meses de investigación. Y eso es lo que me parece interesante: se centra más en todo el proceso de creación, aunque luego nos enseñe también cómo funciona el restaurante cuando vuelve a abrir y exponer sus nuevas “obras”.

Te enseñan las compras en el mercado, las discusiones entre cocineros, el tratamiento de cada ingrediente para ver cómo funciona mejor (éste boniato licuado, éste al horno y con aceite, éste con harina japonesa), la búsqueda de la combinación que juzgan adecuada, los fallos que pueden convertirse en hallazgos.

Creo que no hace falta tener un especial interés en la cocina para que te interese la película, se trata más bien de mostrar el desarrollo de un proceso creativo. Y es también un ejemplo de lo que son unas relaciones laborales con un jefe-amiguete-jefe.

Porque eso también es interesante: todo el mundo pendiente de la opinión de Adriá, de sus cambios de humor, de su aparente desinterés por todo lo que hacen los demás, todo el mundo mirándole, admirándole y temiéndole. A mí personalmente me parece un imbécil por lo que se ve en la peli, pero tampoco es que haga nada muy grave: simplemente, parece una especie de supuesto geniecillo carente de habilidades sociales. Mucho más meritorio me parece el trabajo de Oriol, el jefe de cocina que es el que realmente trabaja: crea, prueba, vigila, da órdenes, aporta ideas, lo controla todo para presentarle el resultado a un jefe pegado a un móvil que apenas hace nada más que probar lo que le sirven.

Por ponerle alguna pega, la forma de filmar me parece un poco floja: planos muy cerrados que hacen que se pierda el foco constantemente y que cuando quieres ver lo que te intentan enseñar, algún cocinero ya se lo ha metido en la boca o se lo ha llevado. Sí me gusta que esos planos son muy útiles para lo mejor de la peli, esa comunicación en miradas entre los cocineros y Adriá cuando éste prueba la comida.

Por mí, podría haber estado una hora más viendo esta peli que me hubiera seguido interesando.

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