Etiquetas

Para ser una película sobre baseball está bien. Porque no se ven los partidos (apenas unas pequeñas escenas), no hace falta saberse ni entender las reglas, ni conocer a los mitos de este deporte, ni siquiera que te guste.

El tema es que el baseball (como otras competiciones deportivas), a pesar de la creencia general de que todo depende de quién es el mejor y de la suerte, puede ser calculado y predecido (predicho) siguiendo unos parámetros estadísticos y matemáticos. O mejor, que si lo que se quiere es ganar, se puede calcular cómo hacer cada movimiento y con qué ficha para hacerlo sin necesidad de ser los mejores. Así, un Brad Pitt totalmente grimoso por su aspecto y su “yankismo” extremo, pasa de ser un entrenador mediocre a ser el mejor (claro) gracias a un empollón en el que confía ciegamente. Por supuesto, pasan por incertidumbres, oposición de todo el mundillo basebolero, enfrentamientos, bajones, pero el héroe confía en sí mismo ante todo y acaba triunfando. Eso sí, el precio que se paga es que se pierde toda la “magia” del deporte.

Lo curioso es que sin tener demasiado interés ni el argumento ni los personajes ni nada, es entretenida y visible. Me recuerda a “La red social”, que tampoco me interesaba nada pero que me pareció resultona. “Moneyball” para mi gusto es mejor.

Eso sí, hace falta estómago para tragar con tanto tanto tanto espíritu U.S.A, y con cosas como la cancioncilla de la hija del entrenador (que también cree en él, por supuesto) y especialmente el asqueroso gesto mil veces repetido de escupir el chicle dentro del vaso de café (se entiende que terminado), gesto que no sé si quiere ayudar a construir al personaje de Pitt, pero que a mí me lo convirtió en repugnante inmediatamente.

Anuncios