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··········Diez años después del “Casablanca” de Curtiz, se hizo esta película que, más que un homenaje, es una copia de muchos de sus elementos… para un mensaje bastante diferente. Hay momentos, viéndola, en que uno espera que suene la Marsellesa, pero no, la colonia es portuguesa y su himno no da para mucho.

··········Pero, por lo demás, tenemos el correspondiente luso al capitan Renault, con su misma bonhomía aparente, su cinismo, su corrupción, su buen conocimiento del medio en que se mueve. Hay también el café americain, con sus salas de juego, sus mesas, su piano y su espacio para que la protagonista cante, nada bien, canciones sin enjundia. Y, en fin, esos yanquis esparcidos por el mundo, unos a un lado de la ley y otros al otro.

··········Lo que no hay es una historia ideológica, de compromiso. Ni siquiera en la parte criminal, donde no se cuenta bien sobre las lealtades, los códigos de valores irregulares. Toda la historia se centra en la relación de pareja de los protagonistas, hasta el punto de que el cambio de postura que desata la trama (la redención del delito) proviene del deseo de estos dos yanquis de retirarse de una vida tan agitada y establecer una plantación colonial. Este enfocarse en la pareja da lugar también a un desequilibrio en los diálogos, que son brillantes en el flirteo de ellos, y planos y sosos en el resto.

··········También me resulta curiosa (y poco armónica) la decisión de intercalar exteriores reales (vaya, imágenes de la bahía y sampanes chinos) en una peli en la que los interiores son un tanto cutres y baratos (como en “Casablanca”, pero ahí no se intenta alimentar el exotismo con planos turísticos fuera de la acción).

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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