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··········Esta línea literaria de ahora, de mezclar el género de detectives con la novela histórica, y que es capaz de situar un Poirot en la Roma imperial, como mero ejercicio escolar, le pone a uno inevitablemente en guardia contra las inconsistencias. No es que haya tantas aquí (una vez aceptado lo peregrino del argumento), pero al menos en tres momentos la mezcla chirría, y se oyen frases que sólo pueden comprenderse en una peli de policía investigando crímenes, y no en el contexto de la División Azul: el encuentro del primer muerto que es calificado como asesinato antes incluso de ver lo que tiene de raro (en medio de un berenjenal, tan cerca del frente que hay continuos pepinazos de artillería de pequeño calibre; ya decían Bierce -¿y Crane?- que los muertos de la guerra también son asesinados), al menos un par de frases escacharrantemente fuera de lugar (“sargento, pida refuerzos” y “tendrás un juicio justo”) y durante toda la peli la confusión entre policía y suboficiales, respecto a quién manda, con pases del tú al usted.

··········Añádanse a eso algunas inconsistencias históricas, como hablar de un “ABC” rojo en 1935, o el muy improbable uso del término quintacolumnista, que se había acuñado siete años antes, en el cerco a Madrid, con una carga valorativa justamente inversa: ¿qué falangista hablaría de espías rojos como quintacolumnistas, si haberlo sido era un timbre de orgullo?

··········Pero lo que me molesta de la peli son las torpezas de guión. Ese tipo de recursos pobres para colocarle una información al espectador como “ahora le enseñaré algo” dicho a un interlocutor cuando ambos están a un viaje en moto por la estepa del lugar donde sucede eso, y siendo el suceso algo que no tiene una hora de inicio puesta en el tablón de anuncios; o un “por cierto, ¿qué hay de lo que le dije que investigara?”, puesto entre copa y polvo en una fiesta cutre, cuando ambos personajes se están dedicando a esa investigación con fruición. Por no hablar del intento de crear tensión con un desplazamiento del protagonista sobre un nevado campo de minas… cuando le acabamos de ver pasar por él tranquilamente con el viejo y razonable truco de pisar allá donde lo haya hecho el desminador. O, ya en plan chapucero, interrumpir una escena en plan far west de tiroteo entre los buenos y un malo aislado pero en posición superior, con la inopinada irrupción de unos soldados alemanes y unas docenas de orates en medio del fregado para proceder a su eutanasia, con total despreocupación de que el escenario está ocupado ya por una escena de nuestra peli. En fin, todo escrito de una manera un tanto cutre.

··········Por lo demás, la trama es entretenida… y olvidable. Sin mucha fuerza emotiva ni capacidad de interesar visualmente. La primera escena, la de los caballos congelados que se usa para la publicidad de la peli, que uno tiene que poner cara de tonto para creerse que un animal se congela en medio de un piafado, es la más potente, y realmente no lo es apenas. Luego se desperdicia un juego de ruleta rusa (que, como estamos en Rusia no se llama así, igual que la ensaladilla, que tampoco) filmándolo como un batiburrillo de sujetos apostando, con menos orden y control que en un frontón, que rebaja mucho la emoción que pudiera tener.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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