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··········No es que esperara otra cosa, pero esta hagiografía sin matices resulta no ser, además, una buena película. La estructura de analepsis quiebra un tanto al ir reconstruyendo los momentos especiales de su vida en orden cronológico (más allá de la imágenes de playa, que supongo que quieren ser líricas, pero no alcanzan). Para eso habría funcionado mejor dos con dos historias paralelas, cada una con su secuencia temporal, pero esos vínculos forzados con cada movimiento en sus habitaciones de la señora en su casa de jubilada, chirrían.

··········Aparte de eso, la película finge no ser política: intenta hacer creer que pivota la historia sobre el carácter pionero de una mujer que rompe una segregación de clase (se ve que los torys son todos lords o baronets) y otra de género, armada de su valor y, ¡oh, cielos!, de su sentido común. En realidad es una película muy política, a la manera en que el poder quiere que sea la política: un sentimiento fácilmente manipulable, y no un pensamiento individual puesto en concurrencia con el del resto de la ciudadanía.

··········Así que, además de elevar a los altares a esta santa mujer, se hace lo propio con su política, en cada uno de los momentos importantes. Quienes se oponen a ella son sucios manifestantes (que manía tienen, estos obreros, de sangrar cuando les pegan) que no respetan ni la integridad de un Rolls Royce oficial, que ya me dirás tú si eso no es perder del todo las buenas maneras, o cobardes restos del conservadurismo compasivo resistentes ante los salvajes mercatistas, o repugnantes sindicatos que son los culpables del frío en las calles y del olor de las basuras, o… etc. La peli es tan militante, que hay un momento en que, escondido al fondo de la sala, cuando nuestra heroína suelta un discurso sobre déficits y estado social, sobre la responsabilidad que tenemos los trabajadores por haber vivido por encima de las posibilidades de nuestros señores, tan idéntico al que escuchamos cada día en los medios del poder, tengo un momento de pánico y temo que el público se levante y aplauda a rabiar y nos linche a C. y a mí si no huimos de prisa.

··········No se hace tampoco con el nivel esperable. Cuando, en un par de escasos momentos, otros políticos (conservadores también, vaya por dios) argumenten en contra de algunas medidas que va implantando esta señora, la respuesta no será la normal en una conversación de gabinete entre miembros de un gobierno o de un grupo parlamentario. Sorprendentemente, ella responderá con cuatro eslóganes, gritados a volumen de mítin. ¿Qué pretenden que nos creamos?, ¿qué ella no era más que otro Ronald Reagan, dormitando mientras por detrás los listos hacían lo debido? Tengo para mí, aunque es cierto que no es más que una percepción de mero espectador de esos años, que Thatcher no era tonta. Sin embargo, aquí tiene la profundidad del té vertido.

··········¿Nada de interés pues? No diría yo eso. Para mí es bastante interesante una temática que se va desarrollando a la vez que la biográfica, sobre la senilidad y, específicamente, sobre la –digamos- funcionalidad de los amigos (o maridos) invisibles. El intento de los profesionales por bajarle a la realidad, en la que Dennis está muerto, ¿es bueno para la paciente? La propia anciana está casi plegada a la necesidad de desprenderse de esa presencia para evitar la locura (la asignación por los otros de esa categoría), cuando en realidad –en ella y en tantos otros- son los amigos invisibles los que establecen el círculo de protección suficiente para poder vivir aquello que llaman la vida real. Esta parte de la peli me parece sugerente. Se emplea en ella un montaje agresivo que, aunque lo entiendo precisamente por funcionar como un elemento de confusión, a mí me resulta sobrepasado.

··········Enlaces a imdb y filmaffinity.

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