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··········Es divertido que sea viendo una peli de estas de cuasi-ciencia ficción, sin demasiadas pretensiones, de las productoras de la corriente principal de Hollywood, que uno pueda asistir a un cursillo de marxismo básico. El salario mínimo de subsistencia, la separación cultural entre clases sociales derivadas de su posición ante los medios de producción, el engaño socialdemócrata de la posibilidad de cambio con una simple pequeña redistribución de la plusvalía, …, etc. En ese sentido, es una peli sugerente. El final resulta un tanto curioso, porque por una parte parece pretender que si el flujo de los bienes de cambio (que acá no es el dinero, sino el tiempo) es de suficiente entidad, el sistema sí que puede entrar en caos; pero en realidad recuerda más a un tipo de acción antisistema que, empleando sus medios, quiebre su lógica, lo que se relaciona más con Annonymous o WikiLeaks. (Escritas aquí estas palabras, me garantizo la entrada en el Zampando de los tecnocurritos de Echelon).

··········Aparte de eso, como corresponde al tipo de producto que es, la peli se enrolla más con escenas de persecuciones de coches, tiros, algo de amago sexual (la peli tiene unos protagonistas en papel de seductores mutuos, pero no resulta ser una relación demasiado empalagosa), que en el desarrollo de la descripción de la forma de construcción social basada en su presupuesto: que a los 25 años se deja de envejecer pero se empieza a vivir con un tiempo tasado que sólo puedes comprar trabajando (por cierto, tanta tecnología y biogenética, y se trabaja en cadenas de montaje de las de fresadora de manivela).

··········No parece una peli echa con muchas ganas (el último tercio de la peli funciona con unas elipsis veloces, como con ganas de acabar de una vez). Y hay elementos un tanto confusos, no ya en el paisaje, sino en cuestiones esenciales de la trama, como si se precisa la connivencia de dos voluntades o no para el flujo de tiempo a través de los brazos (si sí, no se entienden los préstamos no deseados, ni las actuaciones policiales y gangsteriles, pero si no no se entiende cómo no está todo el mundo robando tiempo continuamente); unas fronteras entre zonas horarias que en realidad no tienen vigilancia y cualquiera se las puede pasar de un saltito, una subida en una apuesta de póker después de haber igualado la apuesta anterior. En cuanto a los trece números, dado que el segundo bloque a veces tiene números superiores a 12, hay que entender que pasa de días a años, sin explicitar los meses (y, por cierto, han desaparecido los bisiestos) y, desde luego, no están ahí las semanas, que se mencionan en un precio sólo para poder hacer un chiste con nueve semanas y media.

··········En la ambientación, más que una estética ciberpunk, destaca el aspecto musoliniano de las zonas ricas. Pero con mezcla de esa idea del lujo tan yanqui (modalidad tejana).

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