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··········No hay como ver las cosas desde tan lejos de la Argentina para no tener que andar eligiendo entre la devoción y el odio visceral a la gran advenediza…, o desclasada. Convertida ya en algo pasado y –en España- carente de gran fuerza simbólica, uno se puede permitir no tomar partido. Ni por ella ni por ese fenómeno tan extraño que es el peronismo, que al final acaba pareciendo una socialdemocracia de masas.

··········Como suele suceder, hay montones de actos positivos que se hacen por una motivación espuria. Aunque pudiera afirmarse eso de toda la obra social del justicialismo, en esta peli tiene una aplicación práctica en el viaje de Eva Perón a España, enviada por el presidente Perón para recibir el agradecimiento de los Franco por el incumplimiento del régimen de sanciones de la ONU contra España, con los famosos envíos de trigo argentino. Un viaje que tenía que consagrar a esta joven actriz como presidente consorte, arrogante, grosera con los poderosos… y que acaba suponiendo el indulto de Juana Doña, militante del PCE; y seguro que muchos dolores de estómago a Franco y adláteres, con su lenguaje de descamisados, obreros, trabajadores… y no los eufemismos habituales en la España de los años cuarenta.

··········Aunque dedicando buena parte de su tiempo al viaje a España, la peli da una imagen global de Evita, con un recorrido biográfico y político. No es una peli con muchas originalidades, ni nada así: el formato clásico de entrevistas a cercanos, a analistas profesionales, voz en off y abundante material filmado. Pero me parece competente, informativa y, sin entregarse demasiado al mito, sí le pone emoción cuando toca.

··········Desde la lejanía que decía antes, uno no puede evitar sentir simpatía por esta mujer, una actriz echá palante, casi vasca al fin y al cabo, y que usa la posición que alcanza para una venganza de clase, de trabajador que irrumpe en la casa de los ricos y exige el mejor trato y las mejores joyas, para luego –con la edad- usar su influencia para no sólo miles de actos individuales de caridad, sino para crear instituciones de protección social que pocos países se permitían.

··········El anecdotario tiene interés (aunque la peli no es larga y cabe lo que cabe), pero yo me quedo quizás con ese cura casi montonero, confesor de la dama, que da no el consejo sino la orden de que no se pinte los ojos, creando así una imagen propia en un mundo en que las mujeres famosas apenas sólo podían ser artistas maquilladas.

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