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··········Un competente drama sobre una historia de estafa inmobiliaria, en que todo suena creíble, por la cercanía con lo que leemos con frecuencia en los periódicos. Cine realista de denuncia, aunque más centrado en el deterioro personal y familiar que producen las situaciones de abuso y de impotencia frente al poder. Es lo que mejor cuenta, y gracias sobre todo a Malena Alterio y a Fernando Tejero, que me parecen ajustados, y que no se dejan llevar por los personajes y tics que les han hecho famosos en televisión.

··········Quizás un poco demasiado formal en la manera de narrar, que sería casi fría si no fuera por los actores. Creo que habría mejorado si se explicara mejor la fase de la impotencia que supone la administración de Justicia, la conciencia de que el poderoso siempre parte con ventaja ante los jueces (aquí sólo se menciona uno de tantos trucos que los grandes bufetes al servicio de las empresas pueden usar con comodidad frente a reclamaciones de grupos de estafados no especialistas), y si se aclarara el asunto del lince, que explicaría mejor la posición de Morón frente a Gutiérrez Caba, si supiéramos si el avistamiento es falso y una manera de parar la obra o un accidente.

··········Lo más interesante, y lo más ilustrativo para estos tiempos de desahucios con militarización de los barrios, con ocupaciones policiales para el beneficio de unos bancos estafadores y en demérito de los derechos que parecía que reconocía la Constitución, es que se aboca a la ciudadanía a dar donde duele: sólo llegar personalmente al canalla principal, sólo que éste pase miedo, puede tener consecuencias rápidas. Claro que no siempre eficaces, tanto por el asunto de que no siempre será fácil saber quién es (véase), como por aquello otro de que simplemente tendrán más policías y vivirán en barrios segregados (véase) una vida higiénicamente alejada de las consecuencias de sus actos.

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