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··········Casi cumpliendo con el dogma aquel de los daneses, esta peli tiene unas maneras muy peculiares. Y las formas visuales me parecen casi lo más interesante. Una cámara cuidadosa, con imágenes de una composición muy elegante, pero nada artificiales ni preciosistas, sino al contrario, muy naturalistas. A menudo transmitiendo una sensación de agobio, de cabezas bajas, de miradas vencidas; pocas veces se eleva hacia la claridad, las ventanas. Para ser una historia rural, es muy de habitaciones. La luz también resulta muy naturalista (tanto que no parece natural, sino oscurecida).

··········Pero digo ‘casi’ porque el contexto de lo que se cuenta es también poderoso: un tratado de antropología rural. En poca duración y con no muchos personajes se muestran aquellas relaciones y sobre todo costumbres y maneras que no son ya de la historia, sino de la Historia. Eso sí, es lo contrario que una peli de tópicos rurales. En ese sentido me parece muy interesante el cura, verdaderamente bíblico: omnipotente en el pueblo, omnisciente de cualquier comidilla y estabilizador y ejecutor de la norma, no sólo la moral, sino la organización social. Pero a la vez, y no de forma bien integrada sino contradictoria, es más neo que veterotestamentario: el discurso a los chavales robamanzanas y las conversaciones con los dos ‘marcados’ del pueblo, Paulo y la muchacha de la cara quemada, que huyen de la marginalización e intentan la correcta integración, aunque entren en conflicto con lo que a la vez, el mismo cura, en su labor normativizadora, exige de Paulo. Éste y caraquemada son buenos ejemplos de dos maneras diferentes de enfrentarse a la infelicidad.

··········La manera de narrar es muy reposada y me gustan especialmente algunas cosas: el encabalgamiento del sonido de la escena siguiente sobre el final de la anterior y, más aún, el uso de las cosas, los objetos, los espacios para ir contando lo que ha sucedido y como una especie de ancla de la escena siguiente. Es curioso que en una historia tan naturalista la narración sea tan pensada, tan construida.

··········Lo que no acaba de gustarme no sabría explicarlo bien. Es algo así como que, apreciando como aprecio esas maneras imaginativas, esa calma y detalle en el contar, esa falta de ruido en los personajes y los hechos, no dejo de buscar en las pelis unas dosis de emoción, de cierto grado de cambio y catarsis. No es que ésta no tenga suceso, sino que me parece que hacia el final se abandona un poco, precisamente cuando se ha planteado, como en una especie de vuelta más hacia la mirada que hacia lo visto. No me refiero a que prefiera que se abandone el estilo en función de una entrega a la historia, sino más bien me quejo de que se deja de usar poco a poco los elementos que cuentan, incluso si no son ortodoxos, sino simbólicos (como manzana/serpiente o serpiente/avecilla) o de los usados como ancla explicativa que decía antes. Me leo y no me entero ni yo mismo, ya perdonaréis.

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