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··········El hombre que nos presenta la peli nos hace ver que es de 2009, y por tanto anterior a “El árbol de la vida”, de Malick (voy a acabar teniendo que verla), y no una imitación en su búsqueda de lo infinito en lo cotidiano (o algo así). Pese al aviso, el escaso aforo permanece en la sala, armado con la hojita de votar.

··········Dejo de lado la posible interpretación de la peli en términos de alegoría política tailandesa, como sugiere alguna sinopsis, porque ya me cuesta saber algo de los camisas rojas y los camisas amarillas como para andar con sutilezas sobre qué representa qué en esta historia. Historia que no es sino algunas escenas de un joven afectado de una minusvalía motora en sus piernas y el fisioterapeuta que le cuida; algunos diálogos, algunos silencios. También una tensión notable –pero ni muy expresiva ni resuelta- con el padre, y alguna referencia a una madre muerta y a que la minusvalía no es de nacimiento sino de algo que ha pasado. Todo contado con leves apuntes y sin mayor desarrollo dramático. Eso sí, de pronto, como nos anunció el presentador, alguna imagen cósmica o animal.

··········Así que con lo dicho uno supondría que es una de esas pelis pedantes que acaban por no contar nada. Sin embargo, yo la disfruto razonablemente, ¿por qué? No me resulta fácil saberlo. Por una parte, hay una especie de minimalismo, de reducción de elementos en los escenarios y de palabras y movimientos en la trama que me resulta sugerente (y que no son esteticistas, sino sobrios). También me gusta la filmación de la casa, la manera en que la cámara (afectada a ratos del mal de Parkinson que la moda impone) se coloca y la muestra en sus esquinas y vanos. Los actores, que no por sobrios de gestos, dejan de comunicar.

··········Aunque quizás, sobre todo, una original y desafiante estructura temporal. Sin ser una historia hacia atrás, en plan “Memento” o “Irreversible” y sin que sean realmente analepsis, la historia ordena sus secuencias en términos no cronológicos. Por ejemplo, veremos antes la escena de una comida familiar que la invitación al protagonista para esa comida; pero no como un flash back narrado o pensado por ninguno de los personajes. Vagamente, me da una sensación de cercanía al proceso mental humano, en que cada suceso llama en nuestras cabezas continuamente, a instantes anteriores que los fijan en el tiempo, los explican. Una narración así de desordenada no me ha dado una sensación de confusión en absoluto.

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