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Presenta la película el director con casi todos los actores y actrices detrás, pero apenas dice nada más que está muy agradecido a su familia y al equipo de la película en general, por si luego no tiene otra oportunidad/premio para hacerlo (presumo que no la tendrá).

El argumento tiene su punto: un irlandés (el prota de “Café irlandés”) se instala en un pueblo mallorquí y se dedica a buscar por el monte algo que al principio no sabemos lo que es y luego resulta ser un agujero por el que se cayó (y murió) una novia suya con la que no quiso tener hijos. Este dato nos lo van desvelando desde el principio y de manera insistente, por lo que cuando todo se descubre al final es probable que todo el público se hubiera enterado ya, lo que nos hubiera ahorrado una escena final bochornosa.

Mientras él busca, todo el pueblo decide que el extranjero está ahí para poner una tienda y le van pidiendo cosas. Y así paralelamente se desarrollan pequeñas historias de los habitantes del pueblo: amores, desamores, enredos, todo un poco tópico. Y vaya, alguna historia tiene su gracia: una vez más, Ana Wagener hace malabarismos con un personaje pobre que convierte en lo único divertido de toda la película. Pero el resto…Chica malota incomprendida, chaval apocado sometido por su madre, policía bueno tipo Chema de Barrio Sésamo, policía malo que se redime. Y con esos personajes tan poco aprovechables  se ha hecho encima un casting terrible (salvando a Wagener).

Tampoco el paisaje, el pueblo, las casas, se aprovechan demasiado. Una pena.

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