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··········Sosita peli de catástrofes, variedad virulento virus vírico de difusión viral. Cierto que lo que a mí me interesa del cine de catástrofes (el desarrollo de la quiebra de los mecanismos e instituciones sociales) no es lo que más les gusta a las grandes productoras, pero no me refiero sólo a eso, sino a que esas historias en torno, ¡oh! ¡tan humanas!, que son las que sí les interesan a ellos, sobre ser tratadas con la ñoñería habitual (especialmente con la adolescente de canesú con novio que se disfraza de pingüino para el baile de fin de curso), resultan bastante tontas.

··········Sin embargo, la destrucción de los vínculos y las normas conforme se desarrolla la trama, apenas queda como un paisaje. Y lo que es, digamos, la vuelta a la normalidad, un tema casi más sugerente, ni se trata. Por cierto, qué curiosa idea la de ir poniendo la vacuna según la fecha de nacimiento: es trasladar el conflicto a cada casa, aunque las alternativas, ¿profesiones?, ¿mera geografía en plan cortafuegos para el virus?, tampoco son muy seguras socialmente. Una cuestión interesante. También lo es la existencia de esos incumplimientos de las normas que todo el mundo puede entender (el investigador que avisa a su mujer), pero que una sociedad seria debe juzgar.

··········No le encuentro gran cosa en lo visual, más allá del despliegue de exteriores internacionales. Pero, en fin, lo irritante es que, tras amagar con plantear cómo sería de esperar que funcionara la cosa (todos recordamos la canallada del invento de la gripe A para mayores beneficios de un par de laboratorios… sin que luego pase nada en la OMS), prefiere hacer un giro y contarnos que lo malo es la información que circula por fuera del sistema. Aquí, éste sólo piensa en el bienestar de la humanidad y el que tenga alguna sospecha de que hay algo sucio resultará ser un estafador de aspecto convenientemente bilioso. Pedagogía.

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