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··········Una peli de dibujos animados basada en un texto de Jacques Tati. La veo un día festivo, y me sorprende que la gente ha venido a verla con niños; la compañía ideal para esta peli es un bote de prozac. Pese a lo triste de su historia y su mensaje, la peli en sí es amable, simpática y tierna sin ñoñerías.

··········El humor tipo Tati falla a veces. Yo diría que se debe a la decisión de dejar la cámara quieta y lejos; entiendo la opción por no jugar a primeros planos en una peli así, pero hay gags como el de los grifos de los cuartos vecinos de la pensión, que necesitaban algunas tomas de los objetos implicados. En otras ocasiones, sin embargo, hay tomas de grúa sobre paisajes naturales o urbanos bien hermosas.

··········Con todo, hay mucho de la manera de hacer humor de Tati, y eso ya compensa. Juegos como el de los idiomas de la peli (la importancia de la voz humana y su expresividad y la poca importancia de los idiomas en sí) y el’saludo’ entre este Tati animado y nuestro Tío Tati en la casa de los ricos son encantadores.

··········Pero la peli es triste. Tanto más cuando que no es una tristeza creada por la historia; al revés, el protagonista sobrelleva muy bien el desplome de su mundo, y se enfrenta a cada día con el ánimo suficiente. Pero el mensaje es claro (y es bonito el paralelismo entre el ilusionismo y el ilusionar a la jovencita): no se puede mantener la ilusión más allá de un tiempo, ni como trabajo ni sobre la infancia o la juventud ingenua. Esa inevitable derrota hay que asumirla con dignidad, encender un cigarrillo y tomar el siguiente tren.

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