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··········Funciona muy bien como peli de sustos. Éstos están bien filmados y bien acompañados de iluminación, sonido y música. Durante una buena parte del metraje me parecía que era sólo eso, ir dando eficientemente sustos, pero hablando de un miedo poco sustantivo: armarios, oscuridad, el hombre del saco,  ser robado de tu casa.

··········La peli tarda en entrar en los temas interesantes que tiene: la folie a deux y los miedos sutilmente aprendidos en familia y heredados, así como en la relación del terror con la responsabilidad por los propios actos, por la vía de la culpa, tanto en el niño como en el adulto.

··········También me gusta la visión del poder de la literatura: si el miedo es llamado por la palabra, es la escritura, la transmisión de la palabra a terceros –incluso desconocidos del futuro- la que lo hace dominable, encerrable en una caja. Y, otro buen concepto: siempre dará más miedo el monstruo sin cara (el hollowface de la peli) que la faz más terrible de cualquier humano, porque ésta siempre nos es reconocible, gestualmente interpretable.

··········Pero salvando ese buen hacer de los abundantes momentos de miedo y ese abanico de temas (que ciertamente no es poco), el resto de la peli no me parece gran cosa. El ritmo es lento o, más bien, se basa en una alargada sucesión de momentos intensos y valles de dos historias intercaladas, que retrasa la llegada a la historia en sí y su resolución.

··········Tampoco la imagen me parece gran cosa, sino más bien irregular, con momentos que sí impactan (como el interior del árbol) y otros más cutrecillos (las manchas de techo). Por poner un ejemplo, la movilidad de carahueca la primera vez que sale, su dinámica, es hermosa, para luego pasar a una especie de tipo disfrazado de monstruo.

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